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Hoy vivo aquí

penabad57

Poeta veterano en el portal
En esta burbuja que es mi casa, nado.

Una joven toma el sol, abierta a la luz como un rosal de junio.

Pasan los autobuses rojos con el estrepito suicida de los desesperados,
ríos de gente ante el color intermitente de los semáforos,
el silencio de hoy, y el de ayer, no son el mismo.

A veces recuerdo el mar, cuando elevo mi vaso
y en él danza una ola de güisqui
en la sima del cristal.

También recuerdo tu ciudad
de piedra envejecida y soportales húmedos;
y aquel pub en penumbra, su música te llamaba
a todas horas.

Pero, hoy vivo aquí, entre el neón insomne
y el traqueteo incansable del metropolitano,
bajo un cielo de gas donde los pájaros sueñan con las islas de Grecia,
mientras yo no olvido al otro que fui.
 
Última edición:
En esta burbuja que es mi casa, nado.

Una joven toma el sol, abierta a la luz como un rosal de junio.

Pasan los autobuses rojos con el estrepito suicida de los desesperados,
ríos de gente ante el color intermitente de los semáforos,
el silencio de hoy, y el de ayer, no son el mismo.

A veces recuerdo el mar, cuando elevo mi vaso
y en él danza una ola de güisqui
en la sima del cristal.

También recuerdo tu ciudad
de piedra envejecida y soportales húmedos;
y aquel pub en penumbra, su música te llamaba
a todas horas.

Pero, hoy vivo aquí, entre el neón insomne
y el traqueteo incansable del metropolitano,
bajo un cielo de gas donde los pájaros sueñan con las islas de Grecia,
mientras yo no olvido al otro que fui.

Te dije muchas veces que es arte puro tu modo de transformar lo cotidiano en espiritual.
Urbanismo mágico, el lado precioso,el lado B de la realidad tangible. Se lo encontraste.
Un abrazo con la admiración de siempre.
 
En esta burbuja que es mi casa, nado.

Una joven toma el sol, abierta a la luz como un rosal de junio.

Pasan los autobuses rojos con el estrepito suicida de los desesperados,
ríos de gente ante el color intermitente de los semáforos,
el silencio de hoy, y el de ayer, no son el mismo.

A veces recuerdo el mar, cuando elevo mi vaso
y en él danza una ola de güisqui
en la sima del cristal.

También recuerdo tu ciudad
de piedra envejecida y soportales húmedos;
y aquel pub en penumbra, su música te llamaba
a todas horas.

Pero, hoy vivo aquí, entre el neón insomne
y el traqueteo incansable del metropolitano,
bajo un cielo de gas donde los pájaros sueñan con las islas de Grecia,
mientras yo no olvido al otro que fui.
Interesante que en cada lugar que transitamos dejamos una parte de nosotros mismos, o tal vez el lugar nos recrea a su imagen y nos deja su huella. Precioso poema. Me hiciste recordar mis soportales de la niñez donde jugábamos los días lluviosos.
Me encantó.
Saludos.
Luz
 

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