carlos_cisneros
Poeta asiduo al portal
Los caballitos de totoras duermen a orillas del mar.
Huanchaco madruga; sus calles silenciosas duermen con la suave brisa.
Bajo el muelle, su casi derruido armazón esconde mi soledad
que contempla el horizonte.
Muchas cosas he querido ordenar en mi silencio;
desde ese ayer hasta el presente, aún sigo pensando si soñé…
Ella surcaba la mar
arrodillada en aquella barquilla (si puedo llamarlo así).
Con cada movimiento de su cintura, hacía giros sobre las olas;
y el pequeño remo de caña, permitía nivelarla.
Su busto al aíre, dejaba que las gotas del mar la besen;
sus cabellos sueltos, cubrían, de vez en vez, su mirar.
No creo que se diera cuenta de mi.
¿Qué me llevó hasta allí?, no recuerdo en realidad.
Serena;
diría, sumergida en unos que otros pensamientos,
encalló en la orilla y puso los amarres sin premura.
Nada perturbaba la calidez de su rostro, sabiéndose de por sí,
libre de otras miradas, según imaginaba.
Tomó una toalla que
yacía en el barandal cerca de la carretera que bordea la playa.
Secó sus cabellos, mientras parte de sus senos quedaban desnudos...
Miró hacia la silueta del muelle sin inquietarse,
ya que aún la luz de la mañana era tenue.
No creo que se diera cuenta que estaba allí.
Giró lentamente y
caminó hacia la pequeña callejuela,
perdiéndose así de mi vista...
Pero que esplendidez;
sinceramente no se cómo decirlo.
Jamás podría describir tanta belleza.
Parecía una sirena escapada del mar;
una de esas que embelezan por su hermosura.
Tendría dieciocho años, no más;
por cuanto a dicha edad, las niñas encandilan
con esa inocencia en la mirada, que
las hace confiar en sí mismas.
Sí. Tal vez sólo fue un sueño.
Huanchaco madruga; sus calles silenciosas duermen con la suave brisa.
Bajo el muelle, su casi derruido armazón esconde mi soledad
que contempla el horizonte.
Muchas cosas he querido ordenar en mi silencio;
desde ese ayer hasta el presente, aún sigo pensando si soñé…
Ella surcaba la mar
arrodillada en aquella barquilla (si puedo llamarlo así).
Con cada movimiento de su cintura, hacía giros sobre las olas;
y el pequeño remo de caña, permitía nivelarla.
Su busto al aíre, dejaba que las gotas del mar la besen;
sus cabellos sueltos, cubrían, de vez en vez, su mirar.
No creo que se diera cuenta de mi.
¿Qué me llevó hasta allí?, no recuerdo en realidad.
Serena;
diría, sumergida en unos que otros pensamientos,
encalló en la orilla y puso los amarres sin premura.
Nada perturbaba la calidez de su rostro, sabiéndose de por sí,
libre de otras miradas, según imaginaba.
Tomó una toalla que
yacía en el barandal cerca de la carretera que bordea la playa.
Secó sus cabellos, mientras parte de sus senos quedaban desnudos...
Miró hacia la silueta del muelle sin inquietarse,
ya que aún la luz de la mañana era tenue.
No creo que se diera cuenta que estaba allí.
Giró lentamente y
caminó hacia la pequeña callejuela,
perdiéndose así de mi vista...
Pero que esplendidez;
sinceramente no se cómo decirlo.
Jamás podría describir tanta belleza.
Parecía una sirena escapada del mar;
una de esas que embelezan por su hermosura.
Tendría dieciocho años, no más;
por cuanto a dicha edad, las niñas encandilan
con esa inocencia en la mirada, que
las hace confiar en sí mismas.
Sí. Tal vez sólo fue un sueño.
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