BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Existe un ciclo de humedad
que constata el hambre, ese apetito
indefinido que el terciopelo arrasa
y conquista con palabras deshilachadas
y apacibles. Mientras el vértigo
resume sus liviandades con arsénico,
potenciando el osario de quien fusila entre mis brazos,
una orquídea nefasta que agrega suplicios al
mármol de los ojos reducidos. Fundamentalmente
los ojos inundan, no son sólo sombras que dormitan
su pámpano entre carismas desvencijados, entre
fósiles recrudecidos. El aliento de las noches
vengativas, concuerda con los libros ofrecidos
cuando el cielo abre sus piernas al sollozo criminal
y a la verosimilitud de las gélidas palmeras. Algo
recuerda insistentemente, el maullido atroz de un gato,
un parecido ojo vulnerable que acuesta sus noches
sobre espliegos indeterminados y recipientes de óxido.
Existe la temprana muerte azul del vientre
antes de que el pez sangre todas las hojas.
Y se reconcilie veloz con manos de púrpura,
el latido inconsciente del desánimo.
©
que constata el hambre, ese apetito
indefinido que el terciopelo arrasa
y conquista con palabras deshilachadas
y apacibles. Mientras el vértigo
resume sus liviandades con arsénico,
potenciando el osario de quien fusila entre mis brazos,
una orquídea nefasta que agrega suplicios al
mármol de los ojos reducidos. Fundamentalmente
los ojos inundan, no son sólo sombras que dormitan
su pámpano entre carismas desvencijados, entre
fósiles recrudecidos. El aliento de las noches
vengativas, concuerda con los libros ofrecidos
cuando el cielo abre sus piernas al sollozo criminal
y a la verosimilitud de las gélidas palmeras. Algo
recuerda insistentemente, el maullido atroz de un gato,
un parecido ojo vulnerable que acuesta sus noches
sobre espliegos indeterminados y recipientes de óxido.
Existe la temprana muerte azul del vientre
antes de que el pez sangre todas las hojas.
Y se reconcilie veloz con manos de púrpura,
el latido inconsciente del desánimo.
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