Vi en los ojos de aquel niño
(que eran los ojos de un muerto):
una vereda de sangre,
un oasis de vinagre,
en la mitad del desierto.
¡Yo lo vi en sus ojos secos!
Dos tizones apagados,
que ya ni muestran el eco
de su espíritu acabado.
¡Y entre las uñas mugrientas,
de sus manos temblorosas,
la sentencia cenicienta,
en su pipa venenosa!
Es tarde para ayudar,
su alma polvo se hace
y solo puede llorar,
lágrimas de pasta base.
El mundo le dio destierro,
no le dejó hacer las pases.
Hoy es día de su entierro.
¡Parece el cielo quebrarse!
Y de su vientre llover
lágrimas de pasta base.
(que eran los ojos de un muerto):
una vereda de sangre,
un oasis de vinagre,
en la mitad del desierto.
¡Yo lo vi en sus ojos secos!
Dos tizones apagados,
que ya ni muestran el eco
de su espíritu acabado.
¡Y entre las uñas mugrientas,
de sus manos temblorosas,
la sentencia cenicienta,
en su pipa venenosa!
Es tarde para ayudar,
su alma polvo se hace
y solo puede llorar,
lágrimas de pasta base.
El mundo le dio destierro,
no le dejó hacer las pases.
Hoy es día de su entierro.
¡Parece el cielo quebrarse!
Y de su vientre llover
lágrimas de pasta base.