Mudéjares tus labios por quilates
los tallas de sensuales arabescos
y siempre humedecidos, riendo frescos,
de carne, dos zafiros, son granates.
Enteras mis defensas las abates
con rasgos de odalisca principescos
mozárabes tentando, picarescos,
al juego del amor con sus embates.
Jugosa me entreabres tu granada
y portas un lunar junto a la boca
tras velos de una hurí del Paraíso.
Mi voz ruge al final desesperada
y siento que mi ser toda te invoca
clamando por besarte sin permiso.
Poeta que no puede vivir sin el portal
Mudéjares tus labios por quilates
los tallas de sensuales arabescos
y siempre humedecidos, riendo frescos,
de carne, dos zafiros, son granates.
Enteras mis defensas las abates
con rasgos de odalisca principescos
mozárabes tentando, picarescos,
al juego del amor con sus embates.
Jugosa me entreabres tu granada
y portas un lunar junto a la boca
tras velos de una hurí del Paraíso.
Mi voz ruge al final desesperada
y siento que mi ser toda te invoca
clamando por besarte sin permiso.
Muy bello soneto, en tu línea más que solvente a la hora de escribir poemas amigo Quinsonnas. Me gustó, como no, un abrazo. Paco.
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