Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
Involuntariamente,
la ciudad palpita,
la montaña más alta
de la comarca observa
enjuta en su falda de verano,
el viento,
última transmigración
del hombre hiperactivo,
alarga sus lúdicas manos
en busca de inacabados
puzles que deberían
comenzarse de nuevo;
la corriente y sus olas
vuelven eternamente,
un estómago ruge
en cada uno de los mares,
digieren el tiempo
que a todos los segundos
se ahoga,
sin que nadie acuda,
sin que sirva de nada
el boca a boca,
tú y yo nos miramos,
colgados
de un renovado cabello,
suspensos
a la frágil materia
que nos ciñe al mundo,
derrotados,
conformes
con la vida
parasitaria que nos toca.
la ciudad palpita,
la montaña más alta
de la comarca observa
enjuta en su falda de verano,
el viento,
última transmigración
del hombre hiperactivo,
alarga sus lúdicas manos
en busca de inacabados
puzles que deberían
comenzarse de nuevo;
la corriente y sus olas
vuelven eternamente,
un estómago ruge
en cada uno de los mares,
digieren el tiempo
que a todos los segundos
se ahoga,
sin que nadie acuda,
sin que sirva de nada
el boca a boca,
tú y yo nos miramos,
colgados
de un renovado cabello,
suspensos
a la frágil materia
que nos ciñe al mundo,
derrotados,
conformes
con la vida
parasitaria que nos toca.