Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las preñadas y negras nubes
cubren el horizonte, huyen,
se agitan, rompen la calma
y el agua rasga y fluye…
Recorre la tarde el cielo
mil látigos luminosos
van volando en un derroche
serpenteantes, rabiosos.
El refulgente poder
entre las nubes gigantes,
gimiente el viento resopla,
por aquel caos sangrante
Se oye el trueno con su fuerza
cruzan látigos de fuego
Jirones de cielos caen,
empujados en aquel juego.
Braman las nubes heridas,
temiendo en cada momento
ser el azote del rayo
con su cimbrado violento.
La tierra está intimidada
y parece estremecida
temerosa en cada instante
ser, arrasada, engullida.
Barrida su humanidad
vuelve el sol a saturarla
de sudores y de harapos
y de prepotencia inflarla .