Teo Moran
Poeta fiel al portal
Oigo plañir la voz vieja de la ciudad
en la oscura y redundante acera,
como su voz inerte riega con alcohol
la tristeza de unos corazones rotos,
unas bocas huecas y desdentadas
donde la droga se adueñó de su alma,
como se toman a personal el fracaso
y se hunden sin esperanza ante mí,
como su alegría jaleada por extraños
hacen oídos sordos a sus guerras personales,
donde el amor no es más que un vulgar condón
en un colchón manchado por el sudor
de unos desconocidos que se necesitan,
porque amar es imposible en esta acera
y aun menos a estas horas intempestivas
en las que los latidos dejaron su ritmo
y se volvieron salmo alegre en el bar.
Veo partir los cuerpos desahogados
en esta trillada mañana irrelevante
cuando vivir es solo por puro milagro
en una deforme rotonda que gira y gira
y la cual no nos lleva a ningún sitio.
¡Pero yo te llamo aunque ignoro tu nombre!
Porque no sé si estás vivo o muerto
y vivir solo es parte de tu infierno,
o te agarras a la vida con tantas fuerzas
que olvidas lo que es la existencia.
¡Pero grito tu nombre en cada esquina
sin saber si aún te acordaras de mí!
Miro en los escaparates el rostro aciago
que vendió su alma sin saber del pago
y se hizo arena en un desierto eterno,
gota insípida en un mar profundo
y en su coral los sabios que lo saben todo
se enojan cuando dudas de sus palabras,
cuando su consejo es solo una estrofa
en una triste balada de rock and roll,
y aunque el mundo no los entienda,
aunque nunca ganen ninguna batalla
mi corazón se llena de alegría
al verme caminar por aquella calle
cuando me hablan de días lejanos
cuando éramos aves y no reptiles,
una breve oscuridad que dio paso al sol
mientras su mundo gira alrededor
de unos vasos vacíos cristal.