Burbuja de sal
Poeta recién llegado
Esos ojos me miraban y se me abría el alma.
Alrededor, algunas formas confusas y recurrentes rumores nocturnos.
Si, había gente. Mucha. El bar estaba lleno y no recuerdo en qué momento fui consciente de que alguna energía desconocida me pegaba al asiento, y así una hora, y dos, y cuatro…hasta siete. Clavada como un árbol centenario.
Me digo ahora que quizás fue porque nos arrancamos enseguida nuestras pieles para observar la danza de nuestras almas, y que esta circunstancia es tan poco frecuente que provoca estragos en los sujetos que la viven…pero entonces no lo supe.
Yo movía mucho las manos, decoradas con esmalte de vino como pequeños e inquietos pájaros en vuelo.Me escuchaba hablar, atónita y entusiasmada. Me sonreía, algo consciente ya de la risa de tu alma al asomarse a la mía.
Y no podía callar. Alguna corriente desconocida me empujaba a seguir chorreándote mi caudal de palabras.
Mientras tanto, tus ojos de búho al acecho seguían su particular recorrido por mi piel, por mi boca, por mi pecho, por mi hombro. Me gustaba sentir su tacto imaginado de cuero caliente.
Finalmente, siete horas después del encuentro, exhausta y serena como una gata recién parida, dejé de hablar, y fueron tu boca y tu olor, hasta ahora pasados por alto en mi verborragia, los que empezaron a llamarme. Me empezó a obsesionar la idea de incorporarte a mi burbuja particular para sentirte con mis antenas de verdad, con las que no se ven.
Así que te besé. No tuve más remedio. Tus ojos como lunas desbocadas así me lo imploraban…y yo siempre fui fiel a mis impulsos.
Alrededor, algunas formas confusas y recurrentes rumores nocturnos.
Si, había gente. Mucha. El bar estaba lleno y no recuerdo en qué momento fui consciente de que alguna energía desconocida me pegaba al asiento, y así una hora, y dos, y cuatro…hasta siete. Clavada como un árbol centenario.
Me digo ahora que quizás fue porque nos arrancamos enseguida nuestras pieles para observar la danza de nuestras almas, y que esta circunstancia es tan poco frecuente que provoca estragos en los sujetos que la viven…pero entonces no lo supe.
Yo movía mucho las manos, decoradas con esmalte de vino como pequeños e inquietos pájaros en vuelo.Me escuchaba hablar, atónita y entusiasmada. Me sonreía, algo consciente ya de la risa de tu alma al asomarse a la mía.
Y no podía callar. Alguna corriente desconocida me empujaba a seguir chorreándote mi caudal de palabras.
Mientras tanto, tus ojos de búho al acecho seguían su particular recorrido por mi piel, por mi boca, por mi pecho, por mi hombro. Me gustaba sentir su tacto imaginado de cuero caliente.
Finalmente, siete horas después del encuentro, exhausta y serena como una gata recién parida, dejé de hablar, y fueron tu boca y tu olor, hasta ahora pasados por alto en mi verborragia, los que empezaron a llamarme. Me empezó a obsesionar la idea de incorporarte a mi burbuja particular para sentirte con mis antenas de verdad, con las que no se ven.
Así que te besé. No tuve más remedio. Tus ojos como lunas desbocadas así me lo imploraban…y yo siempre fui fiel a mis impulsos.