Armando Gómez
Poeta recién llegado
Hablé con mis innumerables sueños descartados y ahora son recuerdos psicóticos, presos que almanecan cada delirio del limpio aura que fuí
Y encontré huellas aprendices que hoy me dictan cátedra, pisar con forma de sonrisa el mal que albergo
Me describieron paisajes donde las lágrimas que se evaporaron en mi atmósfera, crearon una inundación en una mente infertil y una alma en sequía
Y me hicieron escuchar gritos públicos anestesiados que conformaron el manicomio de letras que guardo, y que quise codificar con el nombre de sensibilidades
Me hicieron un viaje al instante impar donde ví el reloj acusar a la hora del recreo, designio infame de mi condición de somnolencia
Y en un guiño me ví sumando mis dedos, contando en cuantos mundos vivía, y fue tan difícil que mi tarea se hizo muy correjible
El iris inocente del niño que pintaba más allá del cuadro, es el reflejo de hoy pasarme de la raya
Las tijeras que casi intiman con mis venas, fueron los cortes triangulares e imperfectos donde en forma de montaña alcanzé la cima de la hoja
Los cordones desarramados son la insignia de mis tropiezos, sellos de una casa donde se elaboraba una sopa con sabor a vida
Los restos del hambre que se impregnó en mi ropa fueron conocimientos rudimentarios que ahora son las manchas de sangre que conforman mi obra abstracta
Las carcajadas representan fotografías a colores del collage de la oscuridad que me presentó al miedo que hoy las reprime
Los films efímeros la silueta eterna sentada en una silla puesta al final de la mesa, son estandartes institucionales de sabiduría y paz
Quizá el andar descalzo no era rebeldía mamá, era libertad
Quedé atorado en el tobogán del sueño, por correr del rencor y apresarlo en mi juego
Donde gastando mi esencia encendí una llama, para no estar tan inseguro en mi pozo de recreación y soledad
Rogandole a esa vela, le prendo fuego a cualquier doctrina, y otorgo luz a mi utopía
Los versos me cobijaron en mi cuarto espacial, y me protegieron del monstruo que antes llamaba fracaso y hoy más cobarde llamo negligencia
El monstruo que se ríe cuando me siento a analizar cada brazo en alto, cada insulto hueco, cada cariño gris, y me pone ciego a mirar a la pared
Ángulo blando de la banalidad a la que me aferro y me influencia a consumir el mundo al que no pertenezco
Y me pierdo en un parque de diversiones lleno de luces y colores donde solo quiero hallar espacio para correr
Por eso vuelvo a pelearme con el espejo y le reprocho cada vez que le hizo caso al bucle repetitivo del sistema de creencias que se aparece como desconocido
Y el vidrio roto se transforma en arma de vida para el niño, y en instrumento de muerte para el hombre
Y con la venda que me cegó mi perspectiva hoy trepo el árbol de mi creatividad, madera industrial de un viejo ermitaño
Y en el inicio rasgado de un niño liso, me divierto en el barro que mañana será materia prima de mi fin.
Y encontré huellas aprendices que hoy me dictan cátedra, pisar con forma de sonrisa el mal que albergo
Me describieron paisajes donde las lágrimas que se evaporaron en mi atmósfera, crearon una inundación en una mente infertil y una alma en sequía
Y me hicieron escuchar gritos públicos anestesiados que conformaron el manicomio de letras que guardo, y que quise codificar con el nombre de sensibilidades
Me hicieron un viaje al instante impar donde ví el reloj acusar a la hora del recreo, designio infame de mi condición de somnolencia
Y en un guiño me ví sumando mis dedos, contando en cuantos mundos vivía, y fue tan difícil que mi tarea se hizo muy correjible
El iris inocente del niño que pintaba más allá del cuadro, es el reflejo de hoy pasarme de la raya
Las tijeras que casi intiman con mis venas, fueron los cortes triangulares e imperfectos donde en forma de montaña alcanzé la cima de la hoja
Los cordones desarramados son la insignia de mis tropiezos, sellos de una casa donde se elaboraba una sopa con sabor a vida
Los restos del hambre que se impregnó en mi ropa fueron conocimientos rudimentarios que ahora son las manchas de sangre que conforman mi obra abstracta
Las carcajadas representan fotografías a colores del collage de la oscuridad que me presentó al miedo que hoy las reprime
Los films efímeros la silueta eterna sentada en una silla puesta al final de la mesa, son estandartes institucionales de sabiduría y paz
Quizá el andar descalzo no era rebeldía mamá, era libertad
Quedé atorado en el tobogán del sueño, por correr del rencor y apresarlo en mi juego
Donde gastando mi esencia encendí una llama, para no estar tan inseguro en mi pozo de recreación y soledad
Rogandole a esa vela, le prendo fuego a cualquier doctrina, y otorgo luz a mi utopía
Los versos me cobijaron en mi cuarto espacial, y me protegieron del monstruo que antes llamaba fracaso y hoy más cobarde llamo negligencia
El monstruo que se ríe cuando me siento a analizar cada brazo en alto, cada insulto hueco, cada cariño gris, y me pone ciego a mirar a la pared
Ángulo blando de la banalidad a la que me aferro y me influencia a consumir el mundo al que no pertenezco
Y me pierdo en un parque de diversiones lleno de luces y colores donde solo quiero hallar espacio para correr
Por eso vuelvo a pelearme con el espejo y le reprocho cada vez que le hizo caso al bucle repetitivo del sistema de creencias que se aparece como desconocido
Y el vidrio roto se transforma en arma de vida para el niño, y en instrumento de muerte para el hombre
Y con la venda que me cegó mi perspectiva hoy trepo el árbol de mi creatividad, madera industrial de un viejo ermitaño
Y en el inicio rasgado de un niño liso, me divierto en el barro que mañana será materia prima de mi fin.