tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi mente convive en paralelo al mundo real que me rodea, lo sabe bien, pero prefiere ocultarse en el trasmundo fantástico, de su universalidad interior.
De todos modos teoriza, adjunta y dogmatiza preceptos, con los que debo coexistir, baja línea constantemente ante cualquier resolución que aconteciera en la vorágine del día a día.
Fascina a mis sentidos con astucia al instante y como acto reflejo, despliega la proyección de una idea, con una luminiscencia única.
Inmoviliza a mis sentimientos, coartando todo intento de rebeldía emocional. No para hasta conquistar su adorada obsesión.
El tiempo apremia.
Sin embargo tengo otra mente en mí, una dualidad que percibo a priori; Que han fabricado mis pares humanos, con sus miserias humanas, sus codicias, y sus miedos al fracaso o al no pertenecer.
La confeccionaron a lo largo de mi infancia y adolescencia, profesores, padres, familiares y otros actuantes en mi vida.
Esto no le deja un arqueo positivo a mi autocrítica.
Mientras mi mente fantástica imagina una solución imponente a mis problemas, mi mente real, obstaculiza con su estructura hermética, ofreciendo un pergamino de probabilidades de error en el mundo innegablemente real en que vivo.
Su mediocridad, me convierte en un ser ampliamente creativo, con una personalidad desprovista y apocada, que presenta un perfil bajo importante incapaz de exteriorizar un proyecto por miedo al fracaso.
Esta asiduidad me acompaña desde que tengo uso de razón, mi batalla interior.
Leí que el maestro Kant, dice en sus legados que (la felicidad es un ideal de la imaginación), tal vez hablaba de este tema y del filtro que nos exigimos antes de exteriorizar una idea.
De todos modos teoriza, adjunta y dogmatiza preceptos, con los que debo coexistir, baja línea constantemente ante cualquier resolución que aconteciera en la vorágine del día a día.
Fascina a mis sentidos con astucia al instante y como acto reflejo, despliega la proyección de una idea, con una luminiscencia única.
Inmoviliza a mis sentimientos, coartando todo intento de rebeldía emocional. No para hasta conquistar su adorada obsesión.
El tiempo apremia.
Sin embargo tengo otra mente en mí, una dualidad que percibo a priori; Que han fabricado mis pares humanos, con sus miserias humanas, sus codicias, y sus miedos al fracaso o al no pertenecer.
La confeccionaron a lo largo de mi infancia y adolescencia, profesores, padres, familiares y otros actuantes en mi vida.
Esto no le deja un arqueo positivo a mi autocrítica.
Mientras mi mente fantástica imagina una solución imponente a mis problemas, mi mente real, obstaculiza con su estructura hermética, ofreciendo un pergamino de probabilidades de error en el mundo innegablemente real en que vivo.
Su mediocridad, me convierte en un ser ampliamente creativo, con una personalidad desprovista y apocada, que presenta un perfil bajo importante incapaz de exteriorizar un proyecto por miedo al fracaso.
Esta asiduidad me acompaña desde que tengo uso de razón, mi batalla interior.
Leí que el maestro Kant, dice en sus legados que (la felicidad es un ideal de la imaginación), tal vez hablaba de este tema y del filtro que nos exigimos antes de exteriorizar una idea.