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Infausta: adagio...

Extravagante

Poeta recién llegado
Hoy,
el sol se despliega, grandioso,
pero mi corazón,
herido de angustia infinita,
se quiebra ante la vastedad de la ciudad,
perdiéndose en su entramado gris,
mientras tú te disuelves en el tiempo,
como un perfume barato.

¡Ay, cómo se desvanece todo lo que tocaste!
La luz ensombrece en mi alma.

Bajo la penumbra de este sol solitario,
todas las cosas no dichas caerán en el sueño eterno,
se adormecerán como estrellas apagadas,
y el mundo entero quedará en silencio,
mientras el peso de lo no vivido nos aplasta.

Todas las promesas, esas joyas de amor imperecedero,
se disuelven en la tormenta de tu adiós.
Y me olvidarás, como un eco lejano
en la vastedad del vacío.
Tras mis pasos, mi canto creará un río sin fin.
Seré como un niño despojado de su alma,
porque tú te has ido,
y en el eco de tu ausencia,
mi ser se pierde en el abismo sin retorno.

Cada noche, despertaré al umbral del sueño,
con tu nombre flotando en la penumbra.
Y mi reloj, ese verdugo de los instantes,
devorará mi memoria con colmillos invisibles,
mientras te busco en la vastedad del silencio.

Junto a la esfera de un reloj estéril,
esperan las horas que nunca nacieron,
y en su espera, la eternidad se quiebra,
como tus promesas,
como mi ser, lejos de ti,
en el infinito eco
de un amor que no sabe morir.
 
Hoy,
el sol se despliega, grandioso,
pero mi corazón,
herido de angustia infinita,
se quiebra ante la vastedad de la ciudad,
perdiéndose en su entramado gris,
mientras tú te disuelves en el tiempo,
como un perfume barato.

¡Ay, cómo se desvanece todo lo que tocaste!
La luz ensombrece en mi alma.

Bajo la penumbra de este sol solitario,
todas las cosas no dichas caerán en el sueño eterno,
se adormecerán como estrellas apagadas,
y el mundo entero quedará en silencio,
mientras el peso de lo no vivido nos aplasta.

Todas las promesas, esas joyas de amor imperecedero,
se disuelven en la tormenta de tu adiós.
Y me olvidarás, como un eco lejano
en la vastedad del vacío.
Tras mis pasos, mi canto creará un río sin fin.
Seré como un niño despojado de su alma,
porque tú te has ido,
y en el eco de tu ausencia,
mi ser se pierde en el abismo sin retorno.

Cada noche, despertaré al umbral del sueño,
con tu nombre flotando en la penumbra.
Y mi reloj, ese verdugo de los instantes,
devorará mi memoria con colmillos invisibles,
mientras te busco en la vastedad del silencio.

Junto a la esfera de un reloj estéril,
esperan las horas que nunca nacieron,
y en su espera, la eternidad se quiebra,
como tus promesas,
como mi ser, lejos de ti,
en el infinito eco
de un amor que no sabe morir.
Profunda nostalgia y sentimientos.

Saludos
 
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