Ziler
Poeta recién llegado
¿Qué me deparará este nuevo e infausto año? Espero que no sea un camino yermo. Ya me enamoré y traicioné su lápida mientras entregaba mis versos a su oropel cariño; terminé componiendo en este celoquial parque, testigo mudo de mi devoción prescrita.
Creí en la asechanza de su mirada y resultó ser un veleidoso remordimiento. Cuanto más leo, más me exilio de esta sociedad mundana; quienes conocen mi rostro me exigen cambiar el papel por el diván. Pretender entender mi dolor es ignorar los pasillos estrepitosos de odio que son, irónicamente, el sustento para no rasgar mis textos.
Liba conmigo este ambarino vino; acompáñame en este ciclo que nace como un yugo en las tripas. Vuelvo a estar impávido ante el comienzo, habitando la soledad de un gato que maúlla y una libreta que custodia lo inmarcesible de mi obra.
Creí en la asechanza de su mirada y resultó ser un veleidoso remordimiento. Cuanto más leo, más me exilio de esta sociedad mundana; quienes conocen mi rostro me exigen cambiar el papel por el diván. Pretender entender mi dolor es ignorar los pasillos estrepitosos de odio que son, irónicamente, el sustento para no rasgar mis textos.
Liba conmigo este ambarino vino; acompáñame en este ciclo que nace como un yugo en las tripas. Vuelvo a estar impávido ante el comienzo, habitando la soledad de un gato que maúlla y una libreta que custodia lo inmarcesible de mi obra.