Kevin Restrepo
Poeta recién llegado
Mientras en la ventana veo la lluvia
de mis ojos una lagrima cae con furia
húmeda y fría por mi mejilla desciende
hasta que da muerte en los labios
mi pecho un agudo dolor desprende
ha causa de su espada y sus agravios
y me pierdo en el embeleso de un beso
un beso que emana fulgurante calor
al rosar la amargura que desprende mi ser
las tristezas dormitan y cierran mis ojos al amanecer
y sollozante mi llanto clama por el inmenso dolor
que opacan el arcoíris y su espléndido color
ha causa de la colisión entre dos astros
y en consecuencia queda escombro basto
avivando mis sentidos después de abrazar la muerte
y en un barco viajo lento por el mar de los inertes
navegando con Caronte hasta desaparecer mi rastro
El olor azufre es seña de la penuria
Que despojan los mortales que sentencia la curia
Estando muertos en vida juzgando los condenados
Que llegan a las mazmorras que habitan los desdichados
llanto, sangre y muerte invaden cada esquina
de la celda putrefacta donde fui preso
el estrado demoniaco da condena y ordena
dar tortura con el tedio que envenena
unos labios sin asedio que la carne calcina
y da fin a la vida bella simplemente con un beso.
de mis ojos una lagrima cae con furia
húmeda y fría por mi mejilla desciende
hasta que da muerte en los labios
mi pecho un agudo dolor desprende
ha causa de su espada y sus agravios
y me pierdo en el embeleso de un beso
un beso que emana fulgurante calor
al rosar la amargura que desprende mi ser
las tristezas dormitan y cierran mis ojos al amanecer
y sollozante mi llanto clama por el inmenso dolor
que opacan el arcoíris y su espléndido color
ha causa de la colisión entre dos astros
y en consecuencia queda escombro basto
avivando mis sentidos después de abrazar la muerte
y en un barco viajo lento por el mar de los inertes
navegando con Caronte hasta desaparecer mi rastro
El olor azufre es seña de la penuria
Que despojan los mortales que sentencia la curia
Estando muertos en vida juzgando los condenados
Que llegan a las mazmorras que habitan los desdichados
llanto, sangre y muerte invaden cada esquina
de la celda putrefacta donde fui preso
el estrado demoniaco da condena y ordena
dar tortura con el tedio que envenena
unos labios sin asedio que la carne calcina
y da fin a la vida bella simplemente con un beso.
Última edición: