UnusualSoul
Poeta recién llegado
Un alijo de paranoias bajo el cobijo de mis ojos,
Párpados que crujen como tablones del desván,
Labios que chirrían como puertas de hierro rojo,
Fundido en mi corazón y hormado a antojo de Satán.
Mis lazos se desatan como la ciega ira del Olimpo,
Mis extremidades amputadas encogiéndose, buscándote,
Retorciéndose como raíces entre estratos y detritos,
Ritos rutinarios enroscados como voces de ángeles.
Partimos desde un puerto sobre una balsa de cáñamo,
Superando un oleaje turbulento, gélido y difunto,
Los tiburones infunden pánico al huérfano náufrago,
Vacilando prófugo de calma, entre ráfagas me inundo.
Aferrado ante la cerrada y sublime tempestad,
Cánticos diabólicos me persuaden para caer al mar,
Más los nudos del cabo están atados a la soledad,
Infinito ente que no entiende ni de luz ni de oscuridad.
Solo de amargura, las agujas ven como pierdo el hilo,
Siéntome un ovillo, obsequio para un gato egipcio,
Inmune entre mortales que rinden culto al martirio,
Tácito y sencillo, oigo a Osiris trastear con el gatillo.
Guárdose un proyectil en el bolsillo, con cariño,
Como el marsupial que protege la vida de su niño,
Un alcohólico empedernido con el riñón hecho guarnición,
Junto al escuadrón de lágrimas que buscan ser aliño.
Sus cuencas la marmita de toda quintaesencia,
Imitar aquel ente mítico desdobla mi carácter,
Allí dormita mi alma, vomitando hormigas sin clemencia,
Emergiendo como la ceniza del ánima de un cráter.
Párpados que crujen como tablones del desván,
Labios que chirrían como puertas de hierro rojo,
Fundido en mi corazón y hormado a antojo de Satán.
Mis lazos se desatan como la ciega ira del Olimpo,
Mis extremidades amputadas encogiéndose, buscándote,
Retorciéndose como raíces entre estratos y detritos,
Ritos rutinarios enroscados como voces de ángeles.
Partimos desde un puerto sobre una balsa de cáñamo,
Superando un oleaje turbulento, gélido y difunto,
Los tiburones infunden pánico al huérfano náufrago,
Vacilando prófugo de calma, entre ráfagas me inundo.
Aferrado ante la cerrada y sublime tempestad,
Cánticos diabólicos me persuaden para caer al mar,
Más los nudos del cabo están atados a la soledad,
Infinito ente que no entiende ni de luz ni de oscuridad.
Solo de amargura, las agujas ven como pierdo el hilo,
Siéntome un ovillo, obsequio para un gato egipcio,
Inmune entre mortales que rinden culto al martirio,
Tácito y sencillo, oigo a Osiris trastear con el gatillo.
Guárdose un proyectil en el bolsillo, con cariño,
Como el marsupial que protege la vida de su niño,
Un alcohólico empedernido con el riñón hecho guarnición,
Junto al escuadrón de lágrimas que buscan ser aliño.
Sus cuencas la marmita de toda quintaesencia,
Imitar aquel ente mítico desdobla mi carácter,
Allí dormita mi alma, vomitando hormigas sin clemencia,
Emergiendo como la ceniza del ánima de un cráter.