INMA EN EL DESIERTO
… y todo es ahora desolación y ceguera, la luz, esta insoportable luz, como si fuese el origen de todo, luz sonora, sibilante, luz que confunde los desvaídos perfiles de las dunas, perfiles femeninos, lascivos en su lento avanzar hacia la consumación del placer, las dunas como abandonadas hetairas, como tú, Inma, en las noches heladoras del desierto, cuando te acurrucabas entre mis brazos pidiéndome calor, Inma, con tus ojos como vórtices de galaxias, déjame perderme en ellos, Inma, déjame caer mientras recuerdo, el liviano barco, las exóticas canciones de los atardeceres sangrantes, el puerto y la primera noche, entre redes y deseos de la sangre ardiente, el café en la medina, el olor acre y profundo de tantas y tantas especias y tu olor, siempre tu olor de estrellas nuevas, de carne recién lustrada con las aguas inocentes de nuestro primer oasis, recuerdo, Inma, mientras me pierdo en esta espiral nocturna de tus ojos, ese inequívoco camino hacia tu alma ahora ciego de ciega arena, recuerdo cómo nos mecíamos sobre el sufrido camello, sobre las pieles astrosas, riéndonos de la expresión de sus ojos, queremos ir a Terjit, allí donde nace el agua, claro, españoles, el riente hombre azul nos ofreció amistad y un té muy oloroso, dentro de la jaima protectora de aquel calor que entonces no conocíamos, era Nouakchcott, era el génesis, y tú entregada a aquella loca aventura, Inma, pobres locos atraídos por lo insólito, porque insólita es la muerte entre las dunas, entre las piedras exánimes, pero no queríamos morir, no Inma, tú al menos no, nos atrajo con perfidia aquella luna llena y siniestra, aquella magnética y huidiza esfera, porque ambos amábamos el desierto como se ama una música que alguien, una vez, dejó para nosotros, desconocidos, amábamos la aventura, nuestra aventura, ésa que nos iba a hacer uno y más fuertes, el desierto como ardor, como éxtasis, como el último recodo antes de lo sublime, este desierto donde la muerte está tan viva en cada piedra, en cada duna, dunas como tu cuerpo, Inma, entregado a mi fragor, pero había otro desierto, Inma, mi desierto, ése que nunca esperabas, un desierto sin oasis, sin ni siquiera la muerte tan viva entre sus piedras, era este otro desierto, el que yo llevaba dentro, sin hombres azules ni palmeras ni luna equívoca, mi desierto que tanto y tanto ha devorado ya, pero no tú, Inma, no tú en este otro desierto, pero ahora estás a mi lado, tan fría como la fría noche del desierto al que vinimos, también a tí te he devorado, te he hecho duna, una duna inmóvil, duna de líneas quebradas, ya no capaces de amor, no en este desierto mío, Inma, no en este desierto...
Ilust.:Brooke Shaden.- “Retention”
… y todo es ahora desolación y ceguera, la luz, esta insoportable luz, como si fuese el origen de todo, luz sonora, sibilante, luz que confunde los desvaídos perfiles de las dunas, perfiles femeninos, lascivos en su lento avanzar hacia la consumación del placer, las dunas como abandonadas hetairas, como tú, Inma, en las noches heladoras del desierto, cuando te acurrucabas entre mis brazos pidiéndome calor, Inma, con tus ojos como vórtices de galaxias, déjame perderme en ellos, Inma, déjame caer mientras recuerdo, el liviano barco, las exóticas canciones de los atardeceres sangrantes, el puerto y la primera noche, entre redes y deseos de la sangre ardiente, el café en la medina, el olor acre y profundo de tantas y tantas especias y tu olor, siempre tu olor de estrellas nuevas, de carne recién lustrada con las aguas inocentes de nuestro primer oasis, recuerdo, Inma, mientras me pierdo en esta espiral nocturna de tus ojos, ese inequívoco camino hacia tu alma ahora ciego de ciega arena, recuerdo cómo nos mecíamos sobre el sufrido camello, sobre las pieles astrosas, riéndonos de la expresión de sus ojos, queremos ir a Terjit, allí donde nace el agua, claro, españoles, el riente hombre azul nos ofreció amistad y un té muy oloroso, dentro de la jaima protectora de aquel calor que entonces no conocíamos, era Nouakchcott, era el génesis, y tú entregada a aquella loca aventura, Inma, pobres locos atraídos por lo insólito, porque insólita es la muerte entre las dunas, entre las piedras exánimes, pero no queríamos morir, no Inma, tú al menos no, nos atrajo con perfidia aquella luna llena y siniestra, aquella magnética y huidiza esfera, porque ambos amábamos el desierto como se ama una música que alguien, una vez, dejó para nosotros, desconocidos, amábamos la aventura, nuestra aventura, ésa que nos iba a hacer uno y más fuertes, el desierto como ardor, como éxtasis, como el último recodo antes de lo sublime, este desierto donde la muerte está tan viva en cada piedra, en cada duna, dunas como tu cuerpo, Inma, entregado a mi fragor, pero había otro desierto, Inma, mi desierto, ése que nunca esperabas, un desierto sin oasis, sin ni siquiera la muerte tan viva entre sus piedras, era este otro desierto, el que yo llevaba dentro, sin hombres azules ni palmeras ni luna equívoca, mi desierto que tanto y tanto ha devorado ya, pero no tú, Inma, no tú en este otro desierto, pero ahora estás a mi lado, tan fría como la fría noche del desierto al que vinimos, también a tí te he devorado, te he hecho duna, una duna inmóvil, duna de líneas quebradas, ya no capaces de amor, no en este desierto mío, Inma, no en este desierto...
Ilust.:Brooke Shaden.- “Retention”