ricky lagarto
Poeta recién llegado
"Inocentes por no decir culpables"
Ahora que miro mi mundo y veo que es lo mismo nada ha
cambiado, antes me burlaba de mi suerte y ahora sólo
la comprendo.
Siempre el envidiar lo que no tenemos, lo que nunca seremos,
nos hace crecer y ser inferiores de lo que realmente no somos.
La realidad es una cortina que tenemos desde adolescentes
y creemos que es una puerta de acero que no se abrirá jamás.
Vamos a disfrutar el momento que más valoramos por ser
el más insignificante de todos los demás que como siempre
vamos a desperdiciar.
Cuando sé es joven creemos que por estudiar ya somos más
que otros, que tenemos un futuro prometedor, que sólo por
ir a una escuela fomentamos buena educación y somos un
ejemplo a seguir.
No sabemos ni saludar a los vecinos, fumamos en los pasillos
afuera del salón de clases para sentirnos importantes y usamos
de pretexto las tareas para no ayudar en los quehaceres de la
casa.
Así nos desarrollamos para salir adelante sin saber que significa
trabajar.
Otros se ponen a tomar y fumar desde muy temprana edad y
quieres que todos los vean y que todos sepan y se creen más,
como si fuera algo realmente sorprendente o que nadie pueda.
Creen que ellos deciden por ellos mismos cuando ni siquiera saben
que hacer y se hunden más y más en un círculo banal.
Hacen lo que hacen porque nadie les puso atención son ignorados
por sus familias y populares entre amigos temporales que con
el tiempo se van alejando para no ser uno de ellos.
Siempre tratamos de caerle bien a la gente nueva que vamos
conociendo y luego mostramos nuestra cara fea a la menor
provocación.
Somos almas perdidas en un terreno tan pequeño y aún así no nos
encontramos.
Criticamos todo nuestro alrededor como nuestra comida diaria y
mentir es nuestro lenguaje universal.
Mordemos la mano de quien nos la da y traicionamos al verdadero
amigo.
Los consejos no lo tomamos en cuenta porque creemos saber
todo lo que va pasar.
Así pasan los años y lloramos en un vacío y conocido lugar al que
llamamos simplemente vida.
Ahora que miro mi mundo y veo que es lo mismo nada ha
cambiado, antes me burlaba de mi suerte y ahora sólo
la comprendo.
Siempre el envidiar lo que no tenemos, lo que nunca seremos,
nos hace crecer y ser inferiores de lo que realmente no somos.
La realidad es una cortina que tenemos desde adolescentes
y creemos que es una puerta de acero que no se abrirá jamás.
Vamos a disfrutar el momento que más valoramos por ser
el más insignificante de todos los demás que como siempre
vamos a desperdiciar.
Cuando sé es joven creemos que por estudiar ya somos más
que otros, que tenemos un futuro prometedor, que sólo por
ir a una escuela fomentamos buena educación y somos un
ejemplo a seguir.
No sabemos ni saludar a los vecinos, fumamos en los pasillos
afuera del salón de clases para sentirnos importantes y usamos
de pretexto las tareas para no ayudar en los quehaceres de la
casa.
Así nos desarrollamos para salir adelante sin saber que significa
trabajar.
Otros se ponen a tomar y fumar desde muy temprana edad y
quieres que todos los vean y que todos sepan y se creen más,
como si fuera algo realmente sorprendente o que nadie pueda.
Creen que ellos deciden por ellos mismos cuando ni siquiera saben
que hacer y se hunden más y más en un círculo banal.
Hacen lo que hacen porque nadie les puso atención son ignorados
por sus familias y populares entre amigos temporales que con
el tiempo se van alejando para no ser uno de ellos.
Siempre tratamos de caerle bien a la gente nueva que vamos
conociendo y luego mostramos nuestra cara fea a la menor
provocación.
Somos almas perdidas en un terreno tan pequeño y aún así no nos
encontramos.
Criticamos todo nuestro alrededor como nuestra comida diaria y
mentir es nuestro lenguaje universal.
Mordemos la mano de quien nos la da y traicionamos al verdadero
amigo.
Los consejos no lo tomamos en cuenta porque creemos saber
todo lo que va pasar.
Así pasan los años y lloramos en un vacío y conocido lugar al que
llamamos simplemente vida.
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