Ziler
Poeta recién llegado
En la inserción burda de mis versos turbados se asoma una belleza umbría que me hace abusar de una insurrecta analogía densa, caracterizada por el desahogo paupérrimo de mis amores extraviados.
El gris se volvió negro y con él mi escritura críptica, decadente, lúgubre y débil; ya los sueños penetran y se vuelven oráculos en mi vida, con profecías de soledad en cada Epifanía sublime, que me hace inhumar tu recuerdo en la tierra, mientras espero la voz o el fantasma que repite lo último que escribo.
Implorando un indulto por mi olvido infinito, intenté la apostasía de una ascética poesía, angustiado por el nefasto castigo que es una férrea melancolía perpetua; solo pude pagar con vigilias a la luna y con una desesperada tristeza que mancilla con insultos lo que yo mismo le escribí.
El gris se volvió negro y con él mi escritura críptica, decadente, lúgubre y débil; ya los sueños penetran y se vuelven oráculos en mi vida, con profecías de soledad en cada Epifanía sublime, que me hace inhumar tu recuerdo en la tierra, mientras espero la voz o el fantasma que repite lo último que escribo.
Implorando un indulto por mi olvido infinito, intenté la apostasía de una ascética poesía, angustiado por el nefasto castigo que es una férrea melancolía perpetua; solo pude pagar con vigilias a la luna y con una desesperada tristeza que mancilla con insultos lo que yo mismo le escribí.