Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te lo confieso:
el insomnio me ha vuelto su amante.
En las madrugadas se acuesta a mi lado,
me habla con sus manos frías,
con sus palabras huecas que no dicen nada
y que lo dicen todo.
Pienso en ti,
en las promesas que dejamos colgadas
como ropa que nunca se seca,
y la luna, siempre tan puntual,
llega a desnudarse frente a mi ventana.
Pero el sueño,
ese traidor de siempre,
se va de fiesta a otra cama
y yo me quedo aquí,
entre sábanas arrugadas y pensamientos rotos.
El reloj,
como un perro fiel,
me ladra cada hora que pasa
y yo, cobarde,
le dejo morderme la carne del tiempo.
Te extraño,
pero no te lo digo.
No se lo digo a nadie.
Sólo al techo,
que es el único que escucha mis poemas a media noche,
cuando las palabras duelen más
y las estrellas me parecen agujeros negros
donde el olvido se esconde.
Mañana será otro día,
me digo.
Mañana,
cuando el insomnio se canse de mí
y me deje en paz
por unas cuantas horas.
el insomnio me ha vuelto su amante.
En las madrugadas se acuesta a mi lado,
me habla con sus manos frías,
con sus palabras huecas que no dicen nada
y que lo dicen todo.
Pienso en ti,
en las promesas que dejamos colgadas
como ropa que nunca se seca,
y la luna, siempre tan puntual,
llega a desnudarse frente a mi ventana.
Pero el sueño,
ese traidor de siempre,
se va de fiesta a otra cama
y yo me quedo aquí,
entre sábanas arrugadas y pensamientos rotos.
El reloj,
como un perro fiel,
me ladra cada hora que pasa
y yo, cobarde,
le dejo morderme la carne del tiempo.
Te extraño,
pero no te lo digo.
No se lo digo a nadie.
Sólo al techo,
que es el único que escucha mis poemas a media noche,
cuando las palabras duelen más
y las estrellas me parecen agujeros negros
donde el olvido se esconde.
Mañana será otro día,
me digo.
Mañana,
cuando el insomnio se canse de mí
y me deje en paz
por unas cuantas horas.
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