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Un instante troquelado,
instante de amor y gloria,
una mirada solemne,
entrañable y silenciosa.
En el arcano infinito
conviven gozos y sombras;
escucho la voz amante
arrullar plena en tu boca,
e ignoro dónde el lugar,
dónde el edén de tus rosas,
y dónde estás, cuando ausente,
tu aliento en mi cara sopla.
Dime, ardiente, que me amas
cuando tu sangre me nombra,
dime que tu pecho es lumbre,
ascuas que en tu vientre explotan
provocando mal de amores
que incendia mis ansias locas.
Un instante troquelado,
instante de amor y gloria,
una mirada solemne,
entrañable y silenciosa.
En el arcano infinito
conviven gozos y sombras;
escucho la voz amante
arrullar plena en tu boca,
e ignoro dónde el lugar,
dónde el edén de tus rosas,
y dónde estás, cuando ausente,
tu aliento en mi cara sopla.
Dime, ardiente, que me amas
cuando tu sangre me nombra,
dime que tu pecho es lumbre,
ascuas que en tu vientre explotan
provocando mal de amores
que incendia mis ansias locas.
Hermoso, hermoso, hermoso y sigue así....
También veo al amor como la plenitud, la fuerza, la vida.
Hay instantes eternos, de esos que pasan los años y recordamos con la pasión intacta.
Además siempre voy a destacar tu manera cuidadosa y refinada de hablar de pasión en tus obras.
Es siempre una alegría leerte, Isabel.
Un fuerte abrazo con admiración.
Un instante troquelado,
instante de amor y gloria,
una mirada solemne,
entrañable y silenciosa.
En el arcano infinito
conviven gozos y sombras;
escucho la voz amante
arrullar plena en tu boca,
e ignoro dónde el lugar,
dónde el edén de tus rosas,
y dónde estás, cuando ausente,
tu aliento en mi cara sopla.
Dime, ardiente, que me amas
cuando tu sangre me nombra,
dime que tu pecho es lumbre,
ascuas que en tu vientre explotan
provocando mal de amores
que incendia mis ansias locas.
Un instante troquelado,
instante de amor y gloria,
una mirada solemne,
entrañable y silenciosa.
En el arcano infinito
conviven gozos y sombras;
escucho la voz amante
arrullar plena en tu boca,
e ignoro dónde el lugar,
dónde el edén de tus rosas,
y dónde estás, cuando ausente,
tu aliento en mi cara sopla.
Dime, ardiente, que me amas
cuando tu sangre me nombra,
dime que tu pecho es lumbre,
ascuas que en tu vientre explotan
provocando mal de amores
que incendia mis ansias locas.
Un instante fugaz, casi sagrado, de amor, donde una mirada solemne y tierna enciende gloria y reverencia.
A veces de tanto amar, también la pasión nos consume.
Siempre es un honor visitarla.
Un instante troquelado,
instante de amor y gloria,
una mirada solemne,
entrañable y silenciosa.
En el arcano infinito
conviven gozos y sombras;
escucho la voz amante
arrullar plena en tu boca,
e ignoro dónde el lugar,
dónde el edén de tus rosas,
y dónde estás, cuando ausente,
tu aliento en mi cara sopla.
Dime, ardiente, que me amas
cuando tu sangre me nombra,
dime que tu pecho es lumbre,
ascuas que en tu vientre explotan
provocando mal de amores
que incendia mis ansias locas.
Ay romancera, Isabel,
ruiseñor de altas copas
que esparces con tus romances
cantos canoros de notas.
Palabras son de melazas,
hechas dulcísimas gotas
no los dejes de cantar
que si no cantas la fronda
se pone triste y, de pronto
cree que se ha vuelto sorda.
Pues eso…
Un beso enorme. Voy ahora a ver a Alfonso. Le doy uno de tu parte.
Salva.