BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
En desiertos autóctonos
iracundos macizos, infames
cordilleras, desolados litorales;
sobre mesetas vencidas, en crepitantes
hojas discernidas por la lluvia facturada.
Tras enérgicos falos ardientes
o tras sombras emancipadas de su lago
intermitente, donde todo termina.
En tórridos elementos de música líquida
buscando el sitio concreto de un hueso lastimado,
o en la penumbra soterrada tras el tráfico infinito
de perros y bueyes y sótanos enfermizos.
Contra paredes y muros y murallas, su musgo
consecuente, el mapa deslizado de una huella
arborecida, o en el alba de un universo febrilmente
derrotado.
Con naciones al completo de islas y vestigios insulares,
atuendos municipales de regiones extintas y perseguidas,
o en ese latido unitario de sangres y volcanes estelares.
Ante desleales miembros de vómitos insaciables,
ante estrellas gestionadas por explosiones de luz,
y ese eterno desfile de majestades contrariadas.
Conjuntando el sangrado esencial de montañas,
de cumbres jalonadas por hábitos destruidos, de
cúspides manchadas por el hollín de torres eléctricas.
Contra el cielo, una sola nube, un riesgo de pasiones palpitantes.
©
iracundos macizos, infames
cordilleras, desolados litorales;
sobre mesetas vencidas, en crepitantes
hojas discernidas por la lluvia facturada.
Tras enérgicos falos ardientes
o tras sombras emancipadas de su lago
intermitente, donde todo termina.
En tórridos elementos de música líquida
buscando el sitio concreto de un hueso lastimado,
o en la penumbra soterrada tras el tráfico infinito
de perros y bueyes y sótanos enfermizos.
Contra paredes y muros y murallas, su musgo
consecuente, el mapa deslizado de una huella
arborecida, o en el alba de un universo febrilmente
derrotado.
Con naciones al completo de islas y vestigios insulares,
atuendos municipales de regiones extintas y perseguidas,
o en ese latido unitario de sangres y volcanes estelares.
Ante desleales miembros de vómitos insaciables,
ante estrellas gestionadas por explosiones de luz,
y ese eterno desfile de majestades contrariadas.
Conjuntando el sangrado esencial de montañas,
de cumbres jalonadas por hábitos destruidos, de
cúspides manchadas por el hollín de torres eléctricas.
Contra el cielo, una sola nube, un riesgo de pasiones palpitantes.
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