Pedro Ferreira
Poeta veterano en el portal
INTROITO
Ignis Dei cecidit e caelo et ussit oves puerosque consumpsit.
Liber Iob, 1:16.
Liber Iob, 1:16.
¿Acaso escapará la Us lejana al pacto del destino con el mal?
¿El trigo crece virgen mecido por el viento del Oriente
y las yuntas florecen entre las viñas libres?
Las abejas no intuyen que la vida no es escudo del rayo y el veneno,
que el vino derramado mientras liban el néctar de las horas
no bendice los pasos en la aurora.
¿Protegerá tal vez la carne desprendida
la ofrenda ciega, la generosa entrega,
de la lluvia impía que se derrama y siembra de ácido el suelo?
No impide nada la contienda
que el oráculo mudo -o el profeta callado- no supo revelar.
La palabra no tiene valor entre las nubes,
la oración queda huérfana de su verbo divino.
Ya subió la serpiente a beber en el lago de la justicia
y el destino amable concede sus deseos;
ya tuerce la fortuna el curso de las cosas: se rompió
la hora feliz, la rica hacienda;
ya sacude las ramas la tormenta
y el frío acero y la aguda llama y el viento ardiente;
ya el que camina errante sobre la tierra
corta la mies de un tajo, saborea la sangre, siembra polvo en el polvo;
ya trueca en yerro la virtud,
la madriguera yace entre las piedras y el altar se derrumba;
ya fue la tierra fértil fruto en llamas.
Tres golpes a la carne antes de la ceniza,
tres dardos que atraviesan la frente en siete astillas vinieron luego,
tres veces infinito por nada: y sangró el alma en siete noches.
Llueve desierto y llaga sobre la tierra maldita de Us.
Aguadulce, Diciembre de 2010
Última edición: