Inventario

walter manuel

Poeta recién llegado
Vivo.
Tengo aliento.
Muevo brazos y piernas.
Abro y cierro los puños, boxeo con el aire.
Hago muecas.
La boca bien abierta, grito ¡Pa!
Camino por el borde de los muros bajitos.
Salto las jardineras.
Bailo.
Bailo.
Camino y bailo en el bulevar,
como si nadie me viera,
mientras todos me ven.
Me deslizo por el patio mojado,
persigo las pompas de jabón, tambaleo.
Voy descalzo.
Tengo cicatrices.
En la frente, una. De los siete años.
Intenté trepar un árbol.
Mi viejo pastor alemán
– Toy, se llamaba- me lamió la herida abierta.
¡Ja, ja, ja! Hace cosquillas.
Nunca se lo conté a mamá.
Tengo dedos.
Veinte dedos con sus uñas.
A veces las muerdo, por eso siempre las tengo cortas.
A veces, demasiado, duele,
y es justo con ese dedo rojizo
que tropiezo todos los bordes que consiga.
Tengo ombligo.
Redondo.
Cóncavo.
Alguna vez, todos los niños,
jugaron a cavarlo, a explorarlo con su índice diminuto.
También corro cuando empieza a llover,
o cuando el metro llega a la estación
y todavía estoy bajando las escaleras.
Compro pan e inmediatamente me como la punta.
Nunca ha llevado un pan entero a casa.
Camino y hago sonar los adoquines flojos.
Todo charco, lo pateo.
Salpico. Nunca cuando hay alguien cerca.
No uso lentes, aunque debería.
No me gustan los intermediarios.
Tampoco me agrada hablar
con los desconocidos en la cola del banco.
Si esa señora de blusa estampada,
me pregunta la hora, o de la nada se saca que hay calor,
respondo, pero sólo una vez, por pura cortesía.
Beso.
Con los labios,
con las manos,
con todo el cuerpo y a todo un cuerpo.
Abrazo siempre como si fuese una despedida.
Escribo, y sé que cuelgo en cada letra,
hablo, cuento, enumero, distribuyo.
Miento para evitar el dolor
el mío, el de otros, el de los que aún no conozco,
como si fuese una estrategia válida.
Cruzo siempre por las esquinas
y nunca, nunca,
coloco menos de tres cubos de hielo en mi bebida.
Sé que he amado,
recuerdo todos los aniversarios,
Si he sido amado,
a ciencia cierta,
no sé quiénes, pero ha sucedido,
no ha sido largo ese silencio.
No duermo más de tres horas cada noche,
por eso nos amistamos,
yo le hablo,
ella me tienta…
Pero hoy no quiero cerrar los ojos,
no entiendo a qué vienes,
no me quiero ir contigo...
 

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