Ira divina (La belleza del terror)

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Poeta recién llegado
Roberto García Vicuña atraviesa la casa a oscuras. Sabe lo que debe hacer. Tiene miedo.
Tiembla al pasar la sala, escucha sus pasos en la alfombra y le parece tan estridente su sonido
que, está seguro, alguien más en la casa ya se ha dado cuenta que ha salido de su habitación a
media noche. Recorre lentamente con la palma de la mano el contorno del sillón para poder
apoyarse un poco y hacer más silencioso su avance. Sigue caminando, dejando atrás la sala,
apoyando el pie en el primer escalón. Escucha la madera crujir bajo su pie y tiene la sensación de
que su corazón se ha detenido. Sus oídos buscan cualquier indicio, cualquier sonido, cualquier
rotura en ese silencio opresivo para terminar esta aventura. Por un momento ruega que alguien lo
haya escuchado. Tiene miedo y quiere que esto se acabe, pero no hay nada. Espera un par de
minutos más con el pie derecho apoyado en el primer escalón y, cuando tiene la terrible certeza
de que debe continuar, apoya un poco más el pie. La madera cruje más aún. Roberto García
Vicuña se da cuenta de que no tiene otra opción, debe continuar a pesar de los crujidos. Rápida y
cautelosamente asciende por la escalera sintiendo que cada paso es el último que puede dar, pero
continua su ascenso. Al fin termina en el largo corredor que es el primer piso. Recorre las puertas
con la mirada hasta encontrar un pequeño punto blanco en la perilla de dos puertas a su derecha,
la marca que le indica que es la puerta correcta, su destino. Lentamente avanza hacia la puerta y
la empuja. Roberto García Vicuña comprueba que no estaba cerrada y este hecho le trae aún más
miedo. Sabe que ya no hay vuelta atrás. Sabe que es la hora.

Mi prima Magda me gusta. Es muy bonita. Mi mamá me dice que debo de ser bueno con
mis primas mayores, que no las debo molestar. Pero yo sé que mi prima Magda no se molesta
conmigo. Siempre me oye cuando le hago cuentos o cuando le invento cosas que me pasan en la
escuela o cuando le platico de lo que dice mi mamá. En cambio mi prima María y mi prima Dalia
no me quieren. Siempre que entro a su cuarto me dicen «anda, vete a jugar a otro lado ¿no ves
que esto es cosa de mujeres?» pero no mi prima Magda, ella me cuenta cuentos y me platica de
sus amigos, me cuenta de los muchachos que le dicen que sea su novia. Mi prima Magda siempre
se ríe de esos muchachos y me dice «Yo no les hago caso, para eso te tengo a ti, mi Robertillo».
Mi prima Magda es la de en medio, mi prima María es la mayor y la menor es mi prima Dalia.
Mi tío Alfonso dice que tiene una buena mano porque tiene cuatro reinas. Yo no sé de qué habla.
Nunca sé de qué habla mi tío Alfonso. Mi tía Conchita dice que ya no sabe cómo espantar a tanto
zancudo que ronda a sus hijas. Yo le dije que los zancudos no se van, que los zancudos hay que
matarlos y ella se rió. Tampoco entendí porque se rió mi tía Conchita.

Hoy cumplí once años, dijo mi papá que ya soy todo un hombrecito, que pronto va a tener
que hablar conmigo. Yo le dije que eso me gustaría mucho. Casi no lo veo y yo quisiera que me
contara cosas. Mis tíos me regalaron un camión enorme, es de construcción. Tiene unos monitos
que se pueden sacar y también una grúa con una bola para tirar edificios. Mis primas María y
Dalia me regalaron un reloj con una tortuga, tiene una pantallita donde se ve la hora y todo. Mis
papás me regalaron un libro como todos los años, pero el de ahora tiene menos muñequitos, mi
papá dice que debo aprender a imaginar lo que leo. La única que no me regaló nada es mi prima
Magda. Me dijo que ha tenido unos gastos y que el ahorradito que tenía para mi regalo lo tuvo
que usar; pero luego, cuando ya nos íbamos a dormir me llevó aparte y me dijo al oído que tenía
mi regalo en su cuarto, que fuera por él a las doce, yo le dije que no podía, que yo me duermo a
las nueve, que si no me lo podía dar mañana. Ella se rió y me dijo que su regalo era que me iba a
hacer hombrecito, que le prometiera que iría a las doce. Yo le dije que estaba bien, pero luego me
dio miedo. Dice mi profe que al hacerse hombrecito salen muchos pelos y que se agrava la voz y
que uno crece mucho. Ya no sé si quiero hacerme hombrecito.

"...y es que haciendo el recuento de todas las mujeres con las que he estado pues ¿que
cuántas? mira si contamos desde la primera han sido ocho, sí la primera a los once, mi prima
Magda, simón, era relinda mi prima, me cai que me gustaba desde chavito pero no sé como que
cuando eres más morrito no te fijas en esas cosas, bueno lo más cañón empezó cuando cumplí los
once que ella me dijo que fuera a su cuarto en la noche, nombre yo llegué meándome en los
calzones del miedo y que entro y empieza ya sabes todo el asunto bien acá, ella me dijo «ven no
tengas miedo» y yo casi meándome le dije «ay prima ¿no puede ser mañana?» y ella ni tiempo
me dio... si mano, cárgame ¿no? pero de la otra con chesco... simón, pero échale con ganas que quiero
salir bien zambo, bueno y te decía que ella me agarró y me jaló a su cama y me empezó bese y
bese y yo nomás sentía unas ganas de mear que no te cuento pero dije «bueno ya estoy aquí a lo
mejor no se tarda tanto» luego me tomó las manos y se las llevó a sus tetas y a su josefita,
nombre estaba que se derretía y yo nomás bien espantado, no te rías cabrón si no ya no te cuento
¿pues como no quieres que haya estado espantado? ya te quiero ver a ti con once años y ya
sabiendo coger cabrón, bueno y te decía que estábamos ahí y yo sentía nomás las ganas de
mear y ella que me agarra la reata y me dice «¿no te gusta lo que te estoy haciendo?» y yo sin
saber que decir le dije «si, me gusta mucho» y ella me dijo «¿entonces porque no la tienes dura?»
así me dijo me cai que así me dijo y yo sin saber que quería decir le dije «pues no sé, no sé prima
a lo mejor no soy hombrecito» le dije porque yo lo que quería era salir de ahí para poder ir a
mear y ella que me dice «pobrecito a lo mejor lo que te hace falta es un besito» y que se baja y
me la besa, te lo juro mano, sí, en serio y que la empieza a besar y a lamer y te juro que yo
empecé a sentir bien chido, nombre sentí que estaba en el paraíso y de pronto cuando menos lo
sentí me empecé a mear, ya no te rías si no ya no te cuento y ella empezó a escupir y me dijo
«Robertillo deja de mearte» y la llene toda de meados, te lo juro mano, traté de pararle todo lo
que pude y al final conseguí dejar de mear y ella me dijo «perdóname Robertillo, no le digas a
nadie de esto perdóname primito» y me abrazó así como estaba llena de meados y empezó a
llorar diciendo que era una tonta, que esperaba que algún día la perdonara, que no la odiara, que
no le dijera a mis tíos, que de todo yo le dije que sí que no le diría a nadie que no le contaría a
nadie y salí pero si por piernas al baño y de ahí a mi cuarto y al día siguiente mis otras primas se
burlaban de Magda diciendo que se meaba en la cama y ella roja de vergüenza me miraba y se le
llenaban los ojos de lágrimas y luego se volteaba para el otro lado, te juro mano que yo quería
decir que no había sido ella, que había sido yo, que era porque yo no había podido, que lo que
fuera porque me cai que yo la quería un chingo y todavía la quiero pero ya no la he visto desde
que se casó con ese pendejo oficinista de Eleuterio, ése sí que es un pendejo, no sabe cuidar a esa
mujer, me cai yo si tuviera a mi prima como esa noche la abrazaría y le diría primita ahora si me
vas a hacer hombrecito y yo te voy a hacer la mujer más feliz y te voy a dar todo lo que ese
pendejo no te ha dado... mira cabrón como te sigas riendo ya no te cuento, se supone que eres mi
cuate y que querías saber todo sobre mis pedos con las viejas y ahora que te cuento nomás te
ríes... "

Dedicado a The Wrath of God (Terror is Beauty). Escultura de Damien Hirst.
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