Los añicos del espejo
sobre el colchón
están esparcidos,
y ya no hay reflejo
que calentar pueda
el palacio de escarcha
que se ha alzado
en el interior de tu pecho.
De desidia, es hoy
tu vestimenta,
y lo que ayer amabas,
en esta mañana
no significa nada.
En una partida de ajedrez,
en un día a día cualquiera,
se hizo jaque mate
y se perdió la reina
en una partida inacabada.
Ya no palpitan
rastros de pasión
por ella.
No la sientes especial,
sólo despierta tu indiferencia.
Y no sabes porqué ha ocurrido;
si por fin,
el hechizo ha desaparecido
o quizá no haya habido
la chispa de magia
para que todo
permaneciera unido.
sobre el colchón
están esparcidos,
y ya no hay reflejo
que calentar pueda
el palacio de escarcha
que se ha alzado
en el interior de tu pecho.
De desidia, es hoy
tu vestimenta,
y lo que ayer amabas,
en esta mañana
no significa nada.
En una partida de ajedrez,
en un día a día cualquiera,
se hizo jaque mate
y se perdió la reina
en una partida inacabada.
Ya no palpitan
rastros de pasión
por ella.
No la sientes especial,
sólo despierta tu indiferencia.
Y no sabes porqué ha ocurrido;
si por fin,
el hechizo ha desaparecido
o quizá no haya habido
la chispa de magia
para que todo
permaneciera unido.