Jardín nocturno con tortuga

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Ella fuma de la luna sus pestañas largas;
el humo sabe tan alto como lágrima hundida
en la raíz del árbol que camina por la madrugada
con los ojos floridos y la mirada perdida
en un perfume de horas contadas.

Ella monta su tortuga y se abre paso entre la hierba.
Busca playas bajo sus rodillas,
busca las arenas del sol en los cristales de sus huesos
que la brisa amontona y desbarata.
Su andar es lento como un continente desprendido
de su mirada que no evita la colisión con las estrellas.

Ella parpadea y hace crecer las torres de los gnomos,
derrumba el castillo de naipes de su suerte
con solo mirarlo de frente.
Su garganta cerrada sufre la dispersión de los jilgueros,
pero abre la boca y sus labios entran corriendo
hasta robar el último pan del anaquel de los besos.

Ella canibaliza su excedente de tristezas
y muerde una semilla de la palabra interminable.
Los jardines sombríos se pueblan de mandarinas
y una luciérnaga le enciende otro cigarrillo:
sabe a poema el aire tibio que aún la respira.

21 de septiembre de 2021
 
Última edición:
Una suerte encontrar tu poema calentito aún mi querido Pedro, me agarraste
dando vuelta por aquí. Una hermosa desolación encuentro en tus letras, tan
tú, tan triste, tan bonito. Gracias por cada momento maravilloso que significa
leerte. Besitos cariñosos vuelen a tus mejillas.
Pues me encanta que coincidamos, querida Anita, así que aprovecho para agradecer tu presencia que siempre es un mundo luminoso. Ojalá que te encuentres bien, sana y feliz.
Te abrazo con afecto mayúsculo y bien bonito.
 
Ella fuma de la luna sus pestañas largas;
el humo sabe tan alto como lágrima hundida
en la raíz del árbol que camina por la madrugada
con los ojos floridos y la mirada perdida
en un perfume de horas contadas.

Ella monta su tortuga y se abre paso entre la hierba.
Busca playas bajo sus rodillas,
busca las arenas del sol en los cristales de sus huesos
que la brisa amontona y desbarata.
Su andar es lento como un continente desprendido
de su mirada que no evita la colisión con las estrellas.

Ella parpadea y hace crecer las torres de los gnomos,
derrumba el castillo de naipes de su suerte
con solo mirarlo fijamente.
Su garganta cerrada sufre la dispersión de los jilgueros,
pero abre la boca y sus labios entran corriendo
hasta robar el último pan del anaquel de los besos.

Ella canibaliza su excedente de tristezas
y muerde una semilla de la palabra interminable.
Los jardines sombríos se pueblan de mandarinas
y una luciérnaga le enciende otro cigarrillo:
el aire tibio que aún la respira sabe a poema.

21 de septiembre de 2021
Eso de la luciérnaga enciende cigarros está weno, weno.
Un abrazo, Pedro.
 
Estimado, amigo, qué bueno y que agradable momento me dejan tus versos, esto es un premio
para los sentidos y para quien admira tu escritura un aprendizaje.

Un abrazo desde Chile junto con los mejores deseos.
Omar
Amigo Omar, que tus amables deseos se multipliquen en buena fortuna para ti, salud, amor y poesía. Muchas gracias por participar en este texto con tus valiosas apreciaciones.
Va mi abrazo fraterno.
 
Pues es contradictorio como un jardín puede ser tan infinito, perenne, etéreo,.
Delicioso por pones a mi paso mi buen amigo Pedro.
Un gran, gran gusto leerte, un beso y un abrazo con todo el cariño del mundo.
Gracias infinitas, Ros querida, por tu lectura y tu comentario bien bonito. Ya sabes que me encanta encontrarte entre estos intentos con tu palabra siempre amable.
Te mando un ramo de afectuosos abrazos y mis mejores deseos.
 
Eso de la luciérnaga enciende cigarros está weno, weno.
Un abrazo, Pedro.
A mí también me gustó esa línea: me preguntaba que podría hacer una luciérnaga por la protagonista de este tema y solo se me ocurrió lo de encenderle el cigarro, ja ja.
Amigo Sergio, muchas gracias por venir a sumar. Va el abrazo.
 

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