Juan y la luna (Llena)

rauloscar

Poeta que considera el portal su segunda casa

Juan sabia que esta noche traería serias consecuencias a su persona de quedarse en la ciudad. Así que llamo a su prometida, para decirle que por motivos de trabajo tenia que salir en un viaje relámpago a Montevideo en las primeras horas de la tarde, que si todo andaba bien, a más tardar estaría regresando a la mañana siguiente. Juan, ante la duda que Marisa pudiera sospechar algo y llamara a la empresa, le dijo a Laura, su secretaria, que si su novia llamaba, le dijera que tuvo que viajar por motivos laborales en forma inmediata a Montevideo. Laura, le hizo un guiño y este le devolvió su gesto tirando un beso al aire. Juan, después de estar una hora organizando papeles, salió presuroso y se subió al auto, respiro profundo y empezó el viaje hacia las afueras de la gran urbe. Su destino es un paraje desierto, donde sólo estarán ella y él, no supone, que alguien lo esta siguiendo. Quien lo sigue, no imagina el futuro que le espera. Juan, llega a destino justo a tiempo, ya casi no es él, su cuerpo se lo indica, su agigantado respirar se lo indica, pero también llega y en forma sigilosa quien hasta aquí lo siguiera.
La noche se aproxima a un cielo despejado, ya pronto, Juan, dejara de ser Juan bajo el influjo de la luna. Matara y llorara al llegar el día, la muerte de su amada.
Sin dudas, Laura no es de guardar secretos, Juan, por desgracia hoy bien lo sabe, y espera por la luna, para saciar su sed de venganza.



 

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