En el arroyo de diáfana luz cristalina un niño impúber contempla su belleza que riñe con la soberbia majestad de flores acuáticas,cuyo colorido hace las delicias del viejo que se agazapa bajo la sombra clamorosa del benigno sauce secular.A lo lejos,el firmamento va cargado de cometas vaporosos que pierden su fogoso núcleo a medida que hienden la sagrada atmósfera de la tierra.Entonces se abre de par en par el cielo azulado,y una brisa calurosa sacude los bosques pavorosos,cuyas pesadillas se aferran como clavos en las polvorientas avenidas donde se pasean felices toda clase de genios tutelares;ansiosos por besar el corazón subterráneo que palpita sin cesar y al compás de la alegre jarana con la que los mortales celebran el día de la pasión y muerte de Pan.¡Oh!sí,hacen falta todavía una multitud de ánforas rellenas de violáceo vino sacramental,para que los espíritus más aguerridos hagan definitivamente las paces con la muerte del día que da paso a la engalanada y dulce noche,que colma de honores el nimbo glorioso de su amada la luna.