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Jugabas

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Jugabas una tarde,
jugabas a ser tú y tus sonrisas,
era de tarde y llovían amapolas,
en tus manos anidaban golondrinas.

Te rodeaba la luz de esas mis calles,
tu cuerpo entero edificaba corazones.
Jugabas esa tarde...
y la sombra cayó desde los cielos.

Llegué tarde... y seguías siendo mi todo,
como siempre lo has sido, como siempre...
Era noviembre... y cantaban a los muertos,
llegué tan tarde... y moría en mis lamentos.

Escuché llorar mis pasos,
el puente de la noche se hizo eterno,
te vi entre tus abrazos
y creí que podría recuperarte.

No escuchaba mis pesares,
quería darte mi vida y mi universo...
No veía alguna ventana,
se apagaron de golpe las estrellas.

Esa noche repose entre mi llanto,
le grité a Dios que me debía,
oculté la tristeza en la esperanza,
y recogí mi alma del asfalto.
 
Jugabas una tarde,
jugabas a ser tú y tus sonrisas,
era de tarde y llovían amapolas,
en tus manos anidaban golondrinas.

Te rodeaba la luz de esas mis calles,
tu cuerpo entero edificaba corazones.
Jugabas esa tarde...
y la sombra cayó desde los cielos.

Llegué tarde... y seguías siendo mi todo,
como siempre lo has sido, como siempre...
Era noviembre... y cantaban a los muertos,
llegué tan tarde... y moría en mis lamentos.

Escuché llorar mis pasos,
el puente de la noche se hizo eterno,
te vi entre tus abrazos
y creí que podría recuperarte.

No escuchaba mis pesares,
quería darte mi vida y mi universo...
No veía alguna ventana,
se apagaron de golpe las estrellas.

Esa noche repose entre mi llanto,
le grité a Dios que me debía,
oculté la tristeza en la esperanza,
y recogí mi alma del asfalto.
Tristeza y melancolía.

Saludos
 
Jugabas una tarde,
jugabas a ser tú y tus sonrisas,
era de tarde y llovían amapolas,
en tus manos anidaban golondrinas.

Te rodeaba la luz de esas mis calles,
tu cuerpo entero edificaba corazones.
Jugabas esa tarde...
y la sombra cayó desde los cielos.

Llegué tarde... y seguías siendo mi todo,
como siempre lo has sido, como siempre...
Era noviembre... y cantaban a los muertos,
llegué tan tarde... y moría en mis lamentos.

Escuché llorar mis pasos,
el puente de la noche se hizo eterno,
te vi entre tus abrazos
y creí que podría recuperarte.

No escuchaba mis pesares,
quería darte mi vida y mi universo...
No veía alguna ventana,
se apagaron de golpe las estrellas.

Esa noche repose entre mi llanto,
le grité a Dios que me debía,
oculté la tristeza en la esperanza,
y recogí mi alma del asfalto.

Un placer detenerse en tu obra y disfrutar con ella amigo Anibal.
Un fuerte abrazo siempre.
 
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