Évano
Libre, sin dioses.
Rayos, truenos, centellas, relámpagos y farolas alumbran de vez en cuando una noche de mierda para nuestro amigo Juliano. Hemos dicho farolas porque la electricidad va y viene cuando le da la gana, por lo que también la farola parece un relampaguito de mierda.
Juliano está histérico, para que vean lo histérico que está, les contaré que va encendiendo y apagando una vela que decora su mesita de noche de mierda.
Está amaneciendo cuando ha estado a punto de dormirse, pero un montonazo de rebuznos no le dejaron.
Se levanta volando de la cama (es un decir, porque Juliano no sabe volar, todavía). Sale al balcón y ve pasear por las calles del pueblo a un montón de burros, como alocados, rebuznado al aire y a los otros burros, y burras, que también hay alguna. Las caras de los burros, y burras, se asemejan a sus vecinos, por lo que quiere bajar y apalearlos sin conocimiento ninguno (si lo tuviera). Es lo que hace. Sale en pijama con una larga vara y se lía a porrazos con todo burro que ve mientras se pregunta si habrán asnos y asnas (no sabe que estas se llaman mulas), y si es lo mismo (como él no lo sabe y yo tampoco) se harta de dar palos a un montonazo de burros. Estos salen corriendo como locos por el pueblo; alguno intenta darle a Juliano una coz, pero como está muy cabreado y ágil no lo consiguen y reciben más palos que ningún otro.
Cuando se cansa vuelve a su casa a desayunar e intenta encender el televisor, pero no puede, porque no se ve, ni le va Internet, ni el teléfono fijo ni el móvil; ni tan siquiera funciona la radio, por lo que se vuelve a enfadar y a coger otra vez la vara y vuelve a aporrear al montonazo de burros que andan por el pueblo. Ahora ya está seguro que son todos sus vecinos que se han convertido en burros, y burras, por lo que se alegra e incentiva la somanta de palos.
Así ha estado más de una semana. Los burros y burras lucen moratones por todos sus cuerpos. Juliano intenta salir al pueblo del al lado, para contarle a todos tan curioso fenómeno. Para ello se monta en su bicicleta, pero una coz enorme la rompe y tiene que ir andando. Al cruzar el puente de la salida del pueblo se da cuenta que todos los burros corren tras él, por lo que se asusta e incrementa la velocidad. Al salir del puente tropieza y rueda por el suelo, cuando se levanta ve que él mismo se ha convertido en burro y todos los del pueblo han vuelto a ser pueblerinos, pero no tontos, que se acuerdan de los palos que Juliano les arreó, por lo que no quieran que les cuente yo la que le cayó encima a Juliano.
Cansado, vuelven al pueblo arrastrando al ahora burro Juliano.
Al cruzar el puente, mientras cada uno se dirige a su casa se van convirtiendo en zombis, por lo que no entran en sus casas, sino que deambulan otra vez por las calles, callejas y senderitos del pueblo, en busca de algún ser viviente que poder comer. Como no hay ninguno, van tras el burro Juliano, que al pasar el puente se ha convertido en un burro-vampiro, pero todavía no vuela.
Los zombi-pueblerinos se quieren comer al burro-vampiro. Unos dan bocados al burro y este coces y chupadas a los zombi-pueblerinos; pero como estos zombi-pueblerinos no tienen sangre que chupar, sino carne podrida y boinas apestosas, se ha de contentar con comer algunas de sus extremidades de mierda.
Así andan toda la noche. Medio comido el burro-vampiro, medio comidos y coceados los zombi-pueblerinos.
Juliano, el burro-vampiro, tiene las de perder, por lo que corre para poder cruzar el puente y tras él, otra vez los muy pesado, van los zombi-pueblerinos.
Cuando ya están todos del otro lado se miran extrañados unos a otros, otra vez, y ven que Juliano, el burro-vampiro, ahora también es un burro-lobo, por lo tanto es ahora un burro-lobo- vampiro y, a consecuencia de morder y ser mordido por los zombi-pueblerinos, también es zombi; por lo tanto, ahora Juliano es un infernal burro-lobo-vampiro-zombi.
Muy asustados por tal esperpento, los zombi-pueblerinos (que pueden ser zombis y pueblerinos, pero no tontos) corren como locos a sus casas. No les da tiempo, el burro-lobo-vampiro-zombi (que ahora ya vuela y salta como un hombre detrás de unas buenas tetas) muerde y cocea y come y chupa a todos los zombi-pueblerinos, por lo que al final todos acaban siendo horrendos burros-lobos-vampiros-zombis y, como entre ellos no se van a comer, porque eso está muy feo, se van a los pueblos de al lado a hacer el burro-lobo-vampiro-zombi; y luego al otro pueblo y a la otra ciudad y al otro país y al otro continente, hasta conquistar todo el planeta tierra.
Ya no queda ni un humano , por lo que la asociación intergaláctica de superhéroes manda a su mejor hombre, para que acabe con la increíble amenaza que supone para el universo el burro-lobo-vampiro-zombi.
Cuando el superhéroe intergaláctico entra en este planeta se encuentra con una rebuznada colosal, con miles de millones de burro-lobo-vampiro-zombis volando por los aires y coceando piedras, árboles y todo lo que ven; y aullando como locos por las noches, comiéndose entre ellos y chupando hasta las botellas de alcohol que pululan por ahí.
El superhéroe, un hombre calvo, bajito, con gafas de culo de botella y en calzoncillos, al ver tal panorama se quiere ir a su casa, pero lo rodean los burro-lobo-vampiro-zombis que, como no pueden chuparle ni comerle ni cocearle ni nada de nada, porque está muy duro el tío y es muy fuerte, se contentan con violarlo.
El superhéroe calvorota se ha cabreado mucho, porque eso no se hace, se ha dicho, y acaba con todos los burro-lobo-vampiro-zombis del mundo, y por lo tanto, del planeta tierra.
Contento por haber acabado la misión vuelve a su planeta, tras dar el informe a la asociación intergaláctica, que se puede ser mucho superhéroe, pero la obligación es la obligación.
Se va tranquilo de vacaciones el superhéroe, en calzoncillos, que él no cambia nunca de vestuario; pero la tranquilidad se le va de golpe, porque ha abierto el sobre del informe médico estelar (que se hace siempre que se acaba una misión, por si no lo sabían) y el informe pone que está embarazado.
ja ja ja... Se ríe, pero no sabe por qué, ni nosotros, porque el universo corre un serio peligro o.... ¿Esta historia ya pasó y somos nosotros la descendencia de aquel universo que al final fue conquistado por el hijo del superhéroe calvorota y en calzoncillos, un horrendo burro-lobo-vampiro-zombi, y además calvorota, bajito, con gafas de culo de botella y en calzoncillos?
Respondan ustedes mismos ja ja ja... y já.
Juliano está histérico, para que vean lo histérico que está, les contaré que va encendiendo y apagando una vela que decora su mesita de noche de mierda.
Está amaneciendo cuando ha estado a punto de dormirse, pero un montonazo de rebuznos no le dejaron.
Se levanta volando de la cama (es un decir, porque Juliano no sabe volar, todavía). Sale al balcón y ve pasear por las calles del pueblo a un montón de burros, como alocados, rebuznado al aire y a los otros burros, y burras, que también hay alguna. Las caras de los burros, y burras, se asemejan a sus vecinos, por lo que quiere bajar y apalearlos sin conocimiento ninguno (si lo tuviera). Es lo que hace. Sale en pijama con una larga vara y se lía a porrazos con todo burro que ve mientras se pregunta si habrán asnos y asnas (no sabe que estas se llaman mulas), y si es lo mismo (como él no lo sabe y yo tampoco) se harta de dar palos a un montonazo de burros. Estos salen corriendo como locos por el pueblo; alguno intenta darle a Juliano una coz, pero como está muy cabreado y ágil no lo consiguen y reciben más palos que ningún otro.
Cuando se cansa vuelve a su casa a desayunar e intenta encender el televisor, pero no puede, porque no se ve, ni le va Internet, ni el teléfono fijo ni el móvil; ni tan siquiera funciona la radio, por lo que se vuelve a enfadar y a coger otra vez la vara y vuelve a aporrear al montonazo de burros que andan por el pueblo. Ahora ya está seguro que son todos sus vecinos que se han convertido en burros, y burras, por lo que se alegra e incentiva la somanta de palos.
Así ha estado más de una semana. Los burros y burras lucen moratones por todos sus cuerpos. Juliano intenta salir al pueblo del al lado, para contarle a todos tan curioso fenómeno. Para ello se monta en su bicicleta, pero una coz enorme la rompe y tiene que ir andando. Al cruzar el puente de la salida del pueblo se da cuenta que todos los burros corren tras él, por lo que se asusta e incrementa la velocidad. Al salir del puente tropieza y rueda por el suelo, cuando se levanta ve que él mismo se ha convertido en burro y todos los del pueblo han vuelto a ser pueblerinos, pero no tontos, que se acuerdan de los palos que Juliano les arreó, por lo que no quieran que les cuente yo la que le cayó encima a Juliano.
Cansado, vuelven al pueblo arrastrando al ahora burro Juliano.
Al cruzar el puente, mientras cada uno se dirige a su casa se van convirtiendo en zombis, por lo que no entran en sus casas, sino que deambulan otra vez por las calles, callejas y senderitos del pueblo, en busca de algún ser viviente que poder comer. Como no hay ninguno, van tras el burro Juliano, que al pasar el puente se ha convertido en un burro-vampiro, pero todavía no vuela.
Los zombi-pueblerinos se quieren comer al burro-vampiro. Unos dan bocados al burro y este coces y chupadas a los zombi-pueblerinos; pero como estos zombi-pueblerinos no tienen sangre que chupar, sino carne podrida y boinas apestosas, se ha de contentar con comer algunas de sus extremidades de mierda.
Así andan toda la noche. Medio comido el burro-vampiro, medio comidos y coceados los zombi-pueblerinos.
Juliano, el burro-vampiro, tiene las de perder, por lo que corre para poder cruzar el puente y tras él, otra vez los muy pesado, van los zombi-pueblerinos.
Cuando ya están todos del otro lado se miran extrañados unos a otros, otra vez, y ven que Juliano, el burro-vampiro, ahora también es un burro-lobo, por lo tanto es ahora un burro-lobo- vampiro y, a consecuencia de morder y ser mordido por los zombi-pueblerinos, también es zombi; por lo tanto, ahora Juliano es un infernal burro-lobo-vampiro-zombi.
Muy asustados por tal esperpento, los zombi-pueblerinos (que pueden ser zombis y pueblerinos, pero no tontos) corren como locos a sus casas. No les da tiempo, el burro-lobo-vampiro-zombi (que ahora ya vuela y salta como un hombre detrás de unas buenas tetas) muerde y cocea y come y chupa a todos los zombi-pueblerinos, por lo que al final todos acaban siendo horrendos burros-lobos-vampiros-zombis y, como entre ellos no se van a comer, porque eso está muy feo, se van a los pueblos de al lado a hacer el burro-lobo-vampiro-zombi; y luego al otro pueblo y a la otra ciudad y al otro país y al otro continente, hasta conquistar todo el planeta tierra.
Ya no queda ni un humano , por lo que la asociación intergaláctica de superhéroes manda a su mejor hombre, para que acabe con la increíble amenaza que supone para el universo el burro-lobo-vampiro-zombi.
Cuando el superhéroe intergaláctico entra en este planeta se encuentra con una rebuznada colosal, con miles de millones de burro-lobo-vampiro-zombis volando por los aires y coceando piedras, árboles y todo lo que ven; y aullando como locos por las noches, comiéndose entre ellos y chupando hasta las botellas de alcohol que pululan por ahí.
El superhéroe, un hombre calvo, bajito, con gafas de culo de botella y en calzoncillos, al ver tal panorama se quiere ir a su casa, pero lo rodean los burro-lobo-vampiro-zombis que, como no pueden chuparle ni comerle ni cocearle ni nada de nada, porque está muy duro el tío y es muy fuerte, se contentan con violarlo.
El superhéroe calvorota se ha cabreado mucho, porque eso no se hace, se ha dicho, y acaba con todos los burro-lobo-vampiro-zombis del mundo, y por lo tanto, del planeta tierra.
Contento por haber acabado la misión vuelve a su planeta, tras dar el informe a la asociación intergaláctica, que se puede ser mucho superhéroe, pero la obligación es la obligación.
Se va tranquilo de vacaciones el superhéroe, en calzoncillos, que él no cambia nunca de vestuario; pero la tranquilidad se le va de golpe, porque ha abierto el sobre del informe médico estelar (que se hace siempre que se acaba una misión, por si no lo sabían) y el informe pone que está embarazado.
ja ja ja... Se ríe, pero no sabe por qué, ni nosotros, porque el universo corre un serio peligro o.... ¿Esta historia ya pasó y somos nosotros la descendencia de aquel universo que al final fue conquistado por el hijo del superhéroe calvorota y en calzoncillos, un horrendo burro-lobo-vampiro-zombi, y además calvorota, bajito, con gafas de culo de botella y en calzoncillos?
Respondan ustedes mismos ja ja ja... y já.
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