Kamikaze

Álex Hernández

Poeta recién llegado
Esa niña ya no quiere reír,
se le han secado las lágrimas:
pobre caballito de mar.

Y nadie sabe como le duele la vida.
Que hasta la risa quiebra,
y ha dejado el corazón en casa.


Algunos podrían decir que no tiene uno,
que sólo es un puñado de viseras
y una cara bonita,
pero nadie le ha preguntado,
cuánto tiempo ha estado sola,
y cuánto le ha costado vivir.


Le masturban el alma a dos manos,
la desvisten y le visten,
pero nadie en su puta vida,
sabe como besar ese fuego ardiendo
en su pulmón.


Qué van a saber ellos de amor,
si no la han visto en ruinas.


Qué van a saber de suerte,
si no la miran a los ojos-

— Álex Hernández.
 

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