dragon_ecu
Esporádico permanente
Tuve una pareja menudita,
blanca como la nieve,
callada como devota al silencio.
Por la noche se arropaba ella sola
y me dejaba mis huesos al aire frío... Tekito Kohvija se llamaba.
Entre desencuentros linguisticos
cuando ella me decía ¡baka!..
yo le respondía ¡burra!
Sus ojos almendrados...
y no precisamente por el color,
sino más bien por su forma,
invitaba a verla con atención...
para estar seguro que los tenia abiertos
y mirando.
Entre silencios nos fuimos acoplando.
Un sentimiento indefinido...
sin forma de hacernos entender,
excepto por sutiles formas
de inclinar la cabeza ...
ella de lado a lado
yo de arriba a abajo.
Un extraño modo de traducir kôito...
hasta que entendí que era kiôto.
Es que incluso sin lenguaje común
nos complementamos a fuerza...
ella abajo y yo encima,
y ora veces ella encima y yo debajo...
Era una litera algo incómoda.
Cuando se acercaba
su fecha de retorno,
me sirvió cada noche
una taza de té tibio y algo desabrido...
por el efecto final
fijo era algún purgante.
Y es que el humor al fin y al cabo
es el lado anverso de la tragedia.
Hace poco me envió una foto
de ella,
su esposo e hijos...
y el mayor,
al que puso Ryûtarô,
extrañamente
no tenía ojos rasgados
¿???
Hummm...
mejor dejo de sacar cuentas.
blanca como la nieve,
callada como devota al silencio.
Por la noche se arropaba ella sola
y me dejaba mis huesos al aire frío... Tekito Kohvija se llamaba.
Entre desencuentros linguisticos
cuando ella me decía ¡baka!..
yo le respondía ¡burra!
Sus ojos almendrados...
y no precisamente por el color,
sino más bien por su forma,
invitaba a verla con atención...
para estar seguro que los tenia abiertos
y mirando.
Entre silencios nos fuimos acoplando.
Un sentimiento indefinido...
sin forma de hacernos entender,
excepto por sutiles formas
de inclinar la cabeza ...
ella de lado a lado
yo de arriba a abajo.
Un extraño modo de traducir kôito...
hasta que entendí que era kiôto.
Es que incluso sin lenguaje común
nos complementamos a fuerza...
ella abajo y yo encima,
y ora veces ella encima y yo debajo...
Era una litera algo incómoda.
Cuando se acercaba
su fecha de retorno,
me sirvió cada noche
una taza de té tibio y algo desabrido...
por el efecto final
fijo era algún purgante.
Y es que el humor al fin y al cabo
es el lado anverso de la tragedia.
Hace poco me envió una foto
de ella,
su esposo e hijos...
y el mayor,
al que puso Ryûtarô,
extrañamente
no tenía ojos rasgados
¿???
Hummm...
mejor dejo de sacar cuentas.
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