LA ABUELA
Se presentó en silencio….
Sin el estruendo misterioso
que despierta un timbre de noche
ni los golpes como latidos
en el corazón de la puerta…
Sola…y en silencio….
Su luz, diáfana y atemporal
se fue urdiendo entre mis venas
hasta dispararse como un haz preciso
dejándola sentada al borde de la mesa.
No mediamos vocablos..
A veces una sola mirada
le impone al silencio
las palabras justas
que solo están escritas
en el fondo de los ojos.
Enjuta, marchita, resuelta
bordeada toda de su piel
de pergamino rosa
derramó sobre el mantel
los restos de su memoria frágil,
debilitada, blanca, vulnerable.
Yo la fui pintando con los colores
de los almanaques caídos,
le impregne los aromas
de sus jardines otoñales,
la abrigue con recuerdos
tejidos a dos agujas,
con la tenacidad de un labriego
en tierra desolada.
Su cielo se fue llenando de estrellas
una por cada caricia que había dado,
atrapó en su puño como mariposas
las voces que reconoció de sus nietos
y entre la espesura de sus nubarrones
vio la senda, de cada hijo que camina.
Sobre el centro de la mesa
mediaba entre los dos
la figura sagrada de un pan
recién horneado.
Un vaso de vino
y algunas velas encendidas
intentaron cerrar el espectáculo de la cena.
Sólo me reconoció cuando se iba
Entre el mar de sus labios ondeantes
las letras de mi nombre flotaron tranquilas
hasta quedar varadas
en el pliegue de su sonrisa.-
Me dejó unas palabras quebradas..
y la distancia que imponen
dos ojos cerrados.
Yo dejé caer….
alguna lágrima.-
Se presentó en silencio….
Sin el estruendo misterioso
que despierta un timbre de noche
ni los golpes como latidos
en el corazón de la puerta…
Sola…y en silencio….
Su luz, diáfana y atemporal
se fue urdiendo entre mis venas
hasta dispararse como un haz preciso
dejándola sentada al borde de la mesa.
No mediamos vocablos..
A veces una sola mirada
le impone al silencio
las palabras justas
que solo están escritas
en el fondo de los ojos.
Enjuta, marchita, resuelta
bordeada toda de su piel
de pergamino rosa
derramó sobre el mantel
los restos de su memoria frágil,
debilitada, blanca, vulnerable.
Yo la fui pintando con los colores
de los almanaques caídos,
le impregne los aromas
de sus jardines otoñales,
la abrigue con recuerdos
tejidos a dos agujas,
con la tenacidad de un labriego
en tierra desolada.
Su cielo se fue llenando de estrellas
una por cada caricia que había dado,
atrapó en su puño como mariposas
las voces que reconoció de sus nietos
y entre la espesura de sus nubarrones
vio la senda, de cada hijo que camina.
Sobre el centro de la mesa
mediaba entre los dos
la figura sagrada de un pan
recién horneado.
Un vaso de vino
y algunas velas encendidas
intentaron cerrar el espectáculo de la cena.
Sólo me reconoció cuando se iba
Entre el mar de sus labios ondeantes
las letras de mi nombre flotaron tranquilas
hasta quedar varadas
en el pliegue de su sonrisa.-
Me dejó unas palabras quebradas..
y la distancia que imponen
dos ojos cerrados.
Yo dejé caer….
alguna lágrima.-