LA AMENAZA DEL LOBO (Soneto Espejado)

Alberto Alcoventosa

Poeta adicto al portal
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El viento acerca el silbo del pastor
que conduce el ganado por la braña,
camino de los pastos de montaña
cuando en el valle aprieta ya el calor.

En las frescas praderas del alcor,
al rebaño recoge en la cabaña,

a salvo de esa pérfida alimaña,
que los perros ahuyentan con valor.

Del lobo se protegen temerosos,
al saber que su ataque de manada,
les ocasiona estragos dolorosos.

Y tratan de batirse en retirada
si, los lobos, se acercan cautelosos,
anunciando inminente dentellada.

Con ojos rojos, de fuego ardorosos,
al encontrar la victima apropiada,
emiten sus aullidos misteriosos.

Y a esa pobre borrega descarriada,
de ademanes tranquilos, candorosos,
atacan de manera despiadada.

Al cielo elevan voces de clamor
urdiendo cualquier tipo de artimaña:
cepos, batidas, y demás calaña

de artilugios de caza al invasor.

Del mundo conocido, en el albor,
de los bosques del norte, en la maraña,
como en cualquier otro lugar de España,
al cánido se mira con rencor.

 

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El viento acerca el silbo del pastor
que conduce el ganado por la braña,
camino de los pastos de montaña
cuando en el valle aprieta ya el calor.

En las frescas praderas del alcor,
al rebaño recoge en la cabaña,
a salvo de esa salvaje alimaña,
(2-4-7-10) Dáctilo, no
que los perros ahuyentan con valor.

Del lobo se protegen con temor,
al saber que su ataque de man
ada,
les causa grandes daños y dolor.

Y tratan de batirse en retiradasi, la bestia, se lanza con furor,
anunciando inminente dentell
ada.

Con ojos rojos fuego del ardor,
al encontrar la victima apropiada,
la fiera muestra todo su esplendor.

Y a esa pobre borrega descarriada,
criatura paradigma del candor,
ataca de manera despiadada.

Al cielo elevan voces de clamor
urdiendo cualquier tipo de artimaña:
cepos, batidas, y demás calaña
de artilugios de caza al invasor.

El siglo pasado, y éste, en su albor, (2-5-7-10) no
de los bosques del norte, en la maraña,
como en cualquier otro lugar de España,al cánido se mira con rencor.

Estimado Alberto, tus excelentes sonetos espejados, tienen dos versos cuyos ritmos debes ajustar;
además (y esto es lo más grave), veo que tus sonetos no llegan a ser de rima continua (soneto de dos rimas) porque algunos versos de los tercetos son asonantes de los correspondientes en los cuartetos; o todo o nada,
no se permiten rimas asonantes en los tercetos, de rimas de los cuartetos.
por ahora NO APTO;
un saludo cordial,
edelabarra
 
Muchas gracias por tus amables explicaciones, amigo Edelabarra, que creo haber entendido bien y tomo debida nota para tratar de mejorar.
Un cordial saludo.
Alberto
 
REVISADO

El viento acerca el silbo del pastor
que conduce el ganado por la braña,
camino de los pastos de montaña
cuando en el valle aprieta ya el calor.

En las frescas praderas del alcor,
al rebaño recoge en la cab
aña,
a salvo de esa pérfida alim
aña,
que los perros ahuyentan con valor.

Del lobo se protegen temerosos,
al saber que su ataque de man
ada,
les ocasiona estragos dolorosos.

Y tratan de batirse en retirada
si, los lobos, se acercan cautelosos,

anunciando inminente dentell
ada.

Con ojos rojos, de fuego ardorosos,
al encontrar la victima apropiada,
emiten sus aullidos misteriosos.

Y a esa pobre borrega descarriada,
de ademanes tranquilos, candorosos,
atacan de manera despiadada.

Al cielo elevan voces de clamor
urdiendo cualquier tipo de artimaña:
cepos, batidas, y demás cal
aña
de artilugios de caza al invasor.

Del mundo conocido, en el albor,
de los bosques del norte, en la mar
aña,
como en cualquier otro lugar de España,
al cánido se mira con rencor.



Estimado Alberto, te falta por corregir la segunda observación que te hace el maestro Eduardo, de momento NO APTO.
Un cordial saludo.
 
Última edición:
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El viento acerca el silbo del pastor
que conduce el ganado por la braña,
camino de los pastos de montaña
cuando en el valle aprieta ya el calor.

En las frescas praderas del alcor,
al rebaño recoge en la cabaña,

a salvo de esa pérfida alimaña,
que los perros ahuyentan con valor.

Del lobo se protegen temerosos,
al saber que su ataque de manada,
les ocasiona estragos dolorosos.

Y tratan de batirse en retirada
si, los lobos, se acercan cautelosos,
anunciando inminente dentellada.

Con ojos rojos, de fuego ardorosos,
al encontrar la victima apropiada,
emiten sus aullidos misteriosos.

Y a esa pobre borrega descarriada,
de ademanes tranquilos, candorosos,
atacan de manera despiadada.

Al cielo elevan voces de clamor
urdiendo cualquier tipo de artimaña:
cepos, batidas, y demás calaña

de artilugios de caza al invasor.

Del mundo conocido, en el albor,
de los bosques del norte, en la maraña,
como en cualquier otro lugar de España,
al cánido se mira con rencor.


Lo siento estimado Alberto, aun te falta completar las correcciones, como te apuntó Antonio,
lo pasamos a generales,
un saludo cordial,
edelabarra
 
Lo entiendo, maestro, pero al tener que cambiar tantos versos casi era más fácil hacerlo nuevo...
En cualquier caso, sus explicaciones me han sido de gran utilidad para aprender nuevos conceptos que desconocía
Muchas gracias por su ayuda.
Un cordial saludo.
Alberto
 

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