Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
REVISADOEl viento acerca el silbo del pastor
que conduce el ganado por la braña,
camino de los pastos de montaña
cuando en el valle aprieta ya el calor.
En las frescas praderas del alcor,
al rebaño recoge en la cabaña,
a salvo de esa pérfida alimaña,
que los perros ahuyentan con valor.
Del lobo se protegen temerosos,
al saber que su ataque de manada,
les ocasiona estragos dolorosos.
Y tratan de batirse en retirada
si, los lobos, se acercan cautelosos,
anunciando inminente dentellada.
Con ojos rojos, de fuego ardorosos,
al encontrar la victima apropiada,
emiten sus aullidos misteriosos.
Y a esa pobre borrega descarriada,
de ademanes tranquilos, candorosos,
atacan de manera despiadada.
Al cielo elevan voces de clamor
urdiendo cualquier tipo de artimaña:
cepos, batidas, y demás calaña
de artilugios de caza al invasor.
Del mundo conocido, en el albor,
de los bosques del norte, en la maraña,
como en cualquier otro lugar de España,
al cánido se mira con rencor.
que conduce el ganado por la braña,
camino de los pastos de montaña
cuando en el valle aprieta ya el calor.
En las frescas praderas del alcor,
al rebaño recoge en la cabaña,
a salvo de esa pérfida alimaña,
que los perros ahuyentan con valor.
Del lobo se protegen temerosos,
al saber que su ataque de manada,
les ocasiona estragos dolorosos.
Y tratan de batirse en retirada
si, los lobos, se acercan cautelosos,
anunciando inminente dentellada.
Con ojos rojos, de fuego ardorosos,
al encontrar la victima apropiada,
emiten sus aullidos misteriosos.
Y a esa pobre borrega descarriada,
de ademanes tranquilos, candorosos,
atacan de manera despiadada.
Al cielo elevan voces de clamor
urdiendo cualquier tipo de artimaña:
cepos, batidas, y demás calaña
de artilugios de caza al invasor.
Del mundo conocido, en el albor,
de los bosques del norte, en la maraña,
como en cualquier otro lugar de España,
al cánido se mira con rencor.
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