La aventura de la crisálida

amelita

Poeta adicto al portal
Tenía que sacar lo mejor de sí misma. Una cosa era decirlo y otra muy distinta vivirlo en carne propia, con todo lo que aquello implicaba. De repente, como flashes, vinieron a la mente de la doctora segmentos de la conferencia que había dictado tantas veces sobre el tema: ¿por qué no temerle a la muerte? Al fin y al cabo, ella era una especialista en la materia.

Ya en su casa, las múltiples cavilaciones que la inquietaban extendieron un manto de dudas sobre su futuro: ¿cuánto tiempo le quedaba de vida?, ¿quiénes cuidarían y guiarían a sus hijos?, ¿quién administraría sus bienes?, ¿qué sería de la vida de su esposo? Estaba tan cansada que se quedó profundamente dormida dentro de un torbellino de emociones.

Comenzó a sentir que se elevaba hacia el techo de su habitación. Allí, algo llamó poderosamente su atención: al observar a su alrededor, divisó su cama y se vio a sí misma durmiendo. ¿Cómo era esto posible?

Entonces, soñó que la muerte no era más que la llave mágica para trascender a otra dimensión, en la que se sentía más ligera, más vital y más plena. Aquel era su verdadero mundo, al que realmente pertenecía.

¿Y la tierra?, ¿qué era la tierra? Solo una escuela a la que venimos de manera voluntaria y temporal, para reforzar temas escogidos previamente por nosotros y por nuestros tutores, quienes son seres de luz y mensajeros de esperanza, que nos impulsan a lograr una mayor perfección y crecimiento espiritual. ¡La tierra es un cúmulo de lecciones de sabiduría y amor!

Pronto se encontró dentro de un túnel; ¡estaba flotando ingrávida, a gran velocidad! Allí, percibió claramente la presencia de amigos y familiares que habían partido antes y querían brindarle una calurosa bienvenida. Todos lucían hermosos, saludables y muy jóvenes, simplemente estaban pasando por su mejor momento.

Hacia el final del túnel, pudo observar una maravillosa luz blanca que no la encandelillaba, pese a su intenso brillo, y sintió el deseo irresistible de rendirse ante ella.

La luz la envolvió y una sensación de bienestar y paz invadió su ser; se sintió totalmente amada y aceptada, como nunca antes lo había sido. Se había unido al todo de una creación milenaria, que respondía a los planes perfectos y misteriosos de un Ser profundamente enamorado de sus criaturas.

Por alguna razón su mente estaba más lucida nunca; por fin, comprendió con facilidad lo que antes no estaba a su alcance, como el sentido de su existencia. Definitivamente, allí no había limitaciones físicas ni mentales.

Entonces, se miró a sí misma y percibió cómo se convertía en una preciosa crisálida, que esperaba transformarse en una mariposa de vibrantes y coloridas alas, que volarían con gozo y libertad hacia un cielo muy azul.

Esa noche soñó con ser eterna y habitar por siempre en la morada del infinito…
 
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