Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un pequeño cometa cruzaba el cielo,
con su estela de luz, brillando en el hielo.
Soñaba con tierras lejanas y misteriosas,
donde el sol siempre brilla y las estrellas son hermosas.
Un día decidió dejar su rincón,
y voló más allá de la constelación.
Saltó de un planeta a otro sin cesar,
y en cada uno, su risa hacía danzar.
Pasó por un bosque de lunas de cristal,
donde el viento cantaba una canción celestial.
En cada estrella que tocaba, reía,
y la galaxia entera, feliz, lo seguía.
Vio montañas de polvo dorado brillar,
y mares de nubes donde el sol quería descansar.
Jugó con los astros, saltó con el sol,
y bailó en la luna como un niño en control.
Pero al final, el cometa entendió,
que su hogar en el cielo lo llamaba y pidió.
Volvió a su espacio, tranquilo y sereno,
pero siempre soñando con el universo lleno.
Y aunque de nuevo en su ruta quedó,
el pequeño cometa nunca olvidó,
que la aventura es un sueño sin fin,
que se vive por dentro, y también por el confín.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
con su estela de luz, brillando en el hielo.
Soñaba con tierras lejanas y misteriosas,
donde el sol siempre brilla y las estrellas son hermosas.
Un día decidió dejar su rincón,
y voló más allá de la constelación.
Saltó de un planeta a otro sin cesar,
y en cada uno, su risa hacía danzar.
Pasó por un bosque de lunas de cristal,
donde el viento cantaba una canción celestial.
En cada estrella que tocaba, reía,
y la galaxia entera, feliz, lo seguía.
Vio montañas de polvo dorado brillar,
y mares de nubes donde el sol quería descansar.
Jugó con los astros, saltó con el sol,
y bailó en la luna como un niño en control.
Pero al final, el cometa entendió,
que su hogar en el cielo lo llamaba y pidió.
Volvió a su espacio, tranquilo y sereno,
pero siempre soñando con el universo lleno.
Y aunque de nuevo en su ruta quedó,
el pequeño cometa nunca olvidó,
que la aventura es un sueño sin fin,
que se vive por dentro, y también por el confín.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados