carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desaloja el texto que no te pertenece.
Pela mejor tu corazón con las metáforas.
Vibra en la transición desde la barca
que te navegó por los cielos
hacia el contorno rojizo de la Tierra.
Se destasaja al ser que preguntó por raíces.
Y siquiera lo bello de la esencia queda por semilla
en los que no agradecen, ni reconocen
la memoria que les da la muerte.
Tapan los orígenes, se apartan, rechazan
a quien piden: «¡Canten a la Madre,
a la Dama Oscura, a la unificadora de sus días!»
Así en miseria puede que te encuentres cuando vuelvas.
Ni cáscara húmeda, digna de pudrirse, es el rasero de los días.
Ni la instancia de cultos al sol y la luna, a sus filosofemas.
Mas eres tú, no mi mano, una que siembra.
Tú, ve por tu poema, tú, sacerdotisa,
tómalo por compañero.
De «Yo soy la muerte»
Pela mejor tu corazón con las metáforas.
Vibra en la transición desde la barca
que te navegó por los cielos
hacia el contorno rojizo de la Tierra.
Se destasaja al ser que preguntó por raíces.
Y siquiera lo bello de la esencia queda por semilla
en los que no agradecen, ni reconocen
la memoria que les da la muerte.
Tapan los orígenes, se apartan, rechazan
a quien piden: «¡Canten a la Madre,
a la Dama Oscura, a la unificadora de sus días!»
Así en miseria puede que te encuentres cuando vuelvas.
Ni cáscara húmeda, digna de pudrirse, es el rasero de los días.
Ni la instancia de cultos al sol y la luna, a sus filosofemas.
Mas eres tú, no mi mano, una que siembra.
Tú, ve por tu poema, tú, sacerdotisa,
tómalo por compañero.
De «Yo soy la muerte»