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La batalla continua!!!

El Poeta de La Muerte

Poeta recién llegado
I
Oscuro caminar en mi penumbra
Acompañado por mi fiel y triste sombra
Pensando en lo adverso de mi suerte
Acercándome a mi encuentro con la muerte
II
Laberintos sin luz interminables
Murciélagos y bestias del averno, abominables
Se acercan acechando entre la bruma
Obligándome a seguir sigiloso como un puma
III
Se acorta a cada paso la distancia
Y a lo lejos se divisa ya la estancia
Donde espera sin prisa mi llegada
La Parca con sus armas, preparada
IV
Nubes negras ocultan ya la luna
Y heme aquí, sin esperanza ninguna
Relámpagos, truenos y centellas
Se destacan en el cielo sin estrellas
V
Comienza la infernal y fría batalla
Lanza furiosa su hoz, pero falla!
Un relámpago iluminó su silueta
Salté sobre ella y quedó por mí sujeta
VI
Pero bien poco me duró la treta
Eludió mi abrazo con presteza
Se iluminaron las cuencas de sus ojos
Y pude ver en ella un gran enojo
VII



Un grito desgarrador hace eco en el ambiente!!!…NO PUEDE SER! Grita La Muerte.Se nota perpleja, incrédula, horrorizada de sí mismaEn millones de años de existencia, es el primer golpe que falla!Se desespera, y desencajada y furiosa, levanta su hoz sobre su cabeza y se dispone de nuevo al mortal ataque.Veloz como el rayo, lanza su mejor golpe, mientras, ante lo inevitable, comenzaba yo a arrodillarme para encomendarme a Dios, la filosa hoja rozó mi cabeza, un mechón de mi cano pelo, cayó al suelo. Otra vez había fallado La Muerte! Por un momento, no supo que hacer, me miraba estupefacta con sus cuencas vacías sin atinar a moverse.
VIII


Una luz de esperanza cruzó mi menteY tomando del suelo una pesada roca, la arrojé a su frenteSe escuchó un golpe seco, a hueso partido, La Muerte cayó de espaldas, y soltó su hoz, la tomé en mis manos, y ahora era yo quien amenazante, blandía el arma en su contra.Decidido a vivir, me convertía de víctima a verdugo, y sin creer lo que veía, La Muerte me dio la espalda y se alejó rápidamente por el laberinto sin darme tiempo de nada.Un relámpago alumbró su silueta mientras huía, solo alcance a oír su lúgubre risa y un grito que repetía sin cesar. “Algún día, algún día vas a caer en mi abrazo, te lo juro!
IX


No sé si sirva de algo, tengo la hoz guardada, por siacaso!
Original de Francesco Adamo
El Poeta de La Muerte
 

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