Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
La luz oblicua se parte contra tus vértebras:
tu sombra frente a ti es larga como un río que alimenta la noche,
es quieta como un remanso con hongos en la boca,
es profunda como un pozo que te calza los pies con el mundo.
Sedente sobre la piedra, la roca que vilipendió tu nombre,
esperas que algo muerda los siglos de tu existencia.
El sedal de tu mirada tiembla, te roba el cebo de tu ojo universal
arrojado a ras de tierra. ¿Qué pez habrá mordido tu anzuelo?
Extraes de tu sombra tu esqueleto, que es una antigua bicicleta,
la bicicleta de tus huesos que nunca aprendiste a conducir
sin soltar tus manos de los frenos del manubrio, cuesta arriba,
por la única calle de tu pueblo de desaparecidos.
Tú, piloto de naves espaciales, nunca pudiste llegar a la luna,
pero la luna llegó a ti: cayó sobre tu espalda, artera,
hundió tu esqueleto en tu sombra, te embarró como la mierda
de un perro abandonado bajo las llantas de tu amada Vagabundo.
Una samaritana buena te preguntó tu nombre,
pero tú te lo habías tragado junto con tus dientes de leche,
y con un balbuceo de jitomate reventado,
solo atinaste a decir: ¿Dónde está mi bicicleta?
La tienes frente a ti, oxidada y mitológica, armatoste de tu carne,
y vuelves a montarla, con los bríos renovados,
para llegar hasta esa bulímica esquiladora de nubes
que te deslumbró la noche misma que duró toda tu vida.
tu sombra frente a ti es larga como un río que alimenta la noche,
es quieta como un remanso con hongos en la boca,
es profunda como un pozo que te calza los pies con el mundo.
Sedente sobre la piedra, la roca que vilipendió tu nombre,
esperas que algo muerda los siglos de tu existencia.
El sedal de tu mirada tiembla, te roba el cebo de tu ojo universal
arrojado a ras de tierra. ¿Qué pez habrá mordido tu anzuelo?
Extraes de tu sombra tu esqueleto, que es una antigua bicicleta,
la bicicleta de tus huesos que nunca aprendiste a conducir
sin soltar tus manos de los frenos del manubrio, cuesta arriba,
por la única calle de tu pueblo de desaparecidos.
Tú, piloto de naves espaciales, nunca pudiste llegar a la luna,
pero la luna llegó a ti: cayó sobre tu espalda, artera,
hundió tu esqueleto en tu sombra, te embarró como la mierda
de un perro abandonado bajo las llantas de tu amada Vagabundo.
Una samaritana buena te preguntó tu nombre,
pero tú te lo habías tragado junto con tus dientes de leche,
y con un balbuceo de jitomate reventado,
solo atinaste a decir: ¿Dónde está mi bicicleta?
La tienes frente a ti, oxidada y mitológica, armatoste de tu carne,
y vuelves a montarla, con los bríos renovados,
para llegar hasta esa bulímica esquiladora de nubes
que te deslumbró la noche misma que duró toda tu vida.
01 de mayo de 2022