Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La caída
Quiero contar la desdicha
de un hombre llamado el Bueno,
un hombre de espada y cincha,
un hombre de tierra y fuego.
Era Benito de espalda cargada,
de brazo alargado
y mano templada;
de rostro alumbrado con barba,
de pies ligerísimo
y frente muy alta.
Tenía el labio partido
y su lengua sabía bondades,
lo bueno del bueno
era Benito bendito,
era Benito verdades.
Pescaba siempre en el río,
cazaba cada mañana,
usaba a veces pañuelo
cuando era tiempo de lágrimas.
Sabía que el sol era fuego,
que noche de noche es el día,
también que los hombres son buenos
si tienen el hambre perdida;
y no tenía dos caras,
que una mostraba y quería,
aquella que más agradaba,
la otra era luna sombría.
Y llegó un Benito sin padre
cantando canciones del norte,
y quiso a Benito emularle
bondades vendiendo al importe,
sombreros que no quiso nadie
pues ya llevaban su toque.
Benito los vio con sus ojos
los ojos del Benito lobo,
cazando en el pueblo lo poco
que compra un sombrero tan bobo.
Así comenzó la caída
y así terminó el pueblo entero,
aullando a la luna sombría
con los hijos de Benito "el Bueno".
Quiero contar la desdicha
de un hombre llamado el Bueno,
un hombre de espada y cincha,
un hombre de tierra y fuego.
Era Benito de espalda cargada,
de brazo alargado
y mano templada;
de rostro alumbrado con barba,
de pies ligerísimo
y frente muy alta.
Tenía el labio partido
y su lengua sabía bondades,
lo bueno del bueno
era Benito bendito,
era Benito verdades.
Pescaba siempre en el río,
cazaba cada mañana,
usaba a veces pañuelo
cuando era tiempo de lágrimas.
Sabía que el sol era fuego,
que noche de noche es el día,
también que los hombres son buenos
si tienen el hambre perdida;
y no tenía dos caras,
que una mostraba y quería,
aquella que más agradaba,
la otra era luna sombría.
Y llegó un Benito sin padre
cantando canciones del norte,
y quiso a Benito emularle
bondades vendiendo al importe,
sombreros que no quiso nadie
pues ya llevaban su toque.
Benito los vio con sus ojos
los ojos del Benito lobo,
cazando en el pueblo lo poco
que compra un sombrero tan bobo.
Así comenzó la caída
y así terminó el pueblo entero,
aullando a la luna sombría
con los hijos de Benito "el Bueno".