marquelo
Negrito villero
Hoy me he visto de bruces en la calle
como un desterrado que recibe sus primeras respiraciones
cuando el aire llega de suave resaca a las narices
cuyos orificios están aún por declamar hacia el pecho
el peso exacto del cuerpo
y no me puedo esconder entre tanto aire/
me perfil o en dirección hacia todas las decisiones que se tomaron en las bancos,
puedo sentir sus membranas acústicas
y de qué lado empujaron
el campanario de las iglesias.
Puedo caminar dándole al silencio una connotación de conquista
larga
como una huella de espíritu sobre un pecado.
Dentro de la calle el eco nace desde los zapatos hasta el gel que colgó de los espejos;
toda esta tierra pavimentada aún guarda humo de noche
y me pregunto cuántas mujeres
han parido gemidos desde sus senos.
Toda esta calle es mía
lleva medida la sangre que salieron de mis ojos
y de mi garganta que tragó todas las lunas que cayeron como pelotas.
Hay una homilia entre dos ramales de ahorcado
un escupitajo aún con las puertas abiertas
un tacón lleno de monedas
y restos de una noche que caen sobre el pecho de un concursante de glotoneria
y por allá veo a la muerte panza arriba en un banco
con su última borrachera.
como un desterrado que recibe sus primeras respiraciones
cuando el aire llega de suave resaca a las narices
cuyos orificios están aún por declamar hacia el pecho
el peso exacto del cuerpo
y no me puedo esconder entre tanto aire/
me perfil o en dirección hacia todas las decisiones que se tomaron en las bancos,
puedo sentir sus membranas acústicas
y de qué lado empujaron
el campanario de las iglesias.
Puedo caminar dándole al silencio una connotación de conquista
larga
como una huella de espíritu sobre un pecado.
Dentro de la calle el eco nace desde los zapatos hasta el gel que colgó de los espejos;
toda esta tierra pavimentada aún guarda humo de noche
y me pregunto cuántas mujeres
han parido gemidos desde sus senos.
Toda esta calle es mía
lleva medida la sangre que salieron de mis ojos
y de mi garganta que tragó todas las lunas que cayeron como pelotas.
Hay una homilia entre dos ramales de ahorcado
un escupitajo aún con las puertas abiertas
un tacón lleno de monedas
y restos de una noche que caen sobre el pecho de un concursante de glotoneria
y por allá veo a la muerte panza arriba en un banco
con su última borrachera.