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La cama vacía

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
La cama vacía tiene el peso del mundo,
aunque esté sola, aunque esté hueca.
Parece que la luna la mira de reojo
y le canta canciones que no llenan.

Ahí está, como un párpado cerrado
que no sueña, que no descansa,
un cuerpo invisible que no se acomoda,
un gemido atrapado en las sábanas.

Le hablo, porque al silencio no se le puede callar,
le cuento del frío que no es invierno,
del eco de un nombre que se hace polvo
en las grietas del pecho, en las manos quietas.

¿Sabes qué es lo peor?
Que la cama vacía nunca está sola,
lleva en sus entrañas tu rastro,
ese perfume invisible que no se borra.

La cama vacía es un fantasma burlón,
ríe en las madrugadas cuando me ve temblar,
cuando la almohada se convierte
en un puerto de lágrimas tibias.

Y yo, como un idiota,
me siento a su lado y le suplico:
"Vuelve a llenarla, aunque sea con tus sombras".
Pero tú no contestas,
ni la cama se apiada.

Solo queda el peso de tu ausencia,
como un abrigo roto, como un fuego muerto.
La cama vacía no se cal
la, y yo no me atrevo a despedirla.
 
La cama vacía tiene el peso del mundo,
aunque esté sola, aunque esté hueca.
Parece que la luna la mira de reojo
y le canta canciones que no llenan.

Ahí está, como un párpado cerrado
que no sueña, que no descansa,
un cuerpo invisible que no se acomoda,
un gemido atrapado en las sábanas.

Le hablo, porque al silencio no se le puede callar,
le cuento del frío que no es invierno,
del eco de un nombre que se hace polvo
en las grietas del pecho, en las manos quietas.

¿Sabes qué es lo peor?
Que la cama vacía nunca está sola,
lleva en sus entrañas tu rastro,
ese perfume invisible que no se borra.

La cama vacía es un fantasma burlón,
ríe en las madrugadas cuando me ve temblar,
cuando la almohada se convierte
en un puerto de lágrimas tibias.

Y yo, como un idiota,
me siento a su lado y le suplico:
"Vuelve a llenarla, aunque sea con tus sombras".
Pero tú no contestas,
ni la cama se apiada.

Solo queda el peso de tu ausencia,
como un abrigo roto, como un fuego muerto.
La cama vacía no se cal
la, y yo no me atrevo a despedirla.
Una dulce nostalgia y añoranza de un corazón roto.

Saludos
 
La cama vacía tiene el peso del mundo,
aunque esté sola, aunque esté hueca.
Parece que la luna la mira de reojo
y le canta canciones que no llenan.

Ahí está, como un párpado cerrado
que no sueña, que no descansa,
un cuerpo invisible que no se acomoda,
un gemido atrapado en las sábanas.

Le hablo, porque al silencio no se le puede callar,
le cuento del frío que no es invierno,
del eco de un nombre que se hace polvo
en las grietas del pecho, en las manos quietas.

¿Sabes qué es lo peor?
Que la cama vacía nunca está sola,
lleva en sus entrañas tu rastro,
ese perfume invisible que no se borra.

La cama vacía es un fantasma burlón,
ríe en las madrugadas cuando me ve temblar,
cuando la almohada se convierte
en un puerto de lágrimas tibias.

Y yo, como un idiota,
me siento a su lado y le suplico:
"Vuelve a llenarla, aunque sea con tus sombras".
Pero tú no contestas,
ni la cama se apiada.

Solo queda el peso de tu ausencia,
como un abrigo roto, como un fuego muerto.
La cama vacía no se cal
la, y yo no me atrevo a despedirla.

Anhelos que aún guardan la esperanza del regreso. Profundas reflexiones que en la soledad nos llevan a cuestionor un todo sobre lo efímero y lo circunstancial de una relación que sigue latente aún en los momentos más duros.
Un placer detenerse una vez más en tus letras amigo Anibal.
Un fuerte abrazo desde los cielos poeticos de este halcon.

 
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