ARIEL TORRE Y MOLINO
Poeta que no puede vivir sin el portal
Encontré una moneda de $100
la metí en mi bolsillo.
Mire un árbol de membrillos
que se salía de una casa de palos,
al borde de la avenida,
atrás, mas allá del patio
el esqueleto de un galpón en construcción
se eleva, saliéndose de un peladero.
Seguí el paso, con un ardor en el empeine,
una ampolla enrojecida, el calor, la distancia recorrida,
me senté allí
donde se sientan todos los que van de paso:
La cara de un perro apareció entre mis piernas.
Saltó, con su lengua afuera, intentando jugar
conmigo
la tristeza,
y su felicidad hiperactiva me enterneció:
je ne sais rien -le dije telepáticamente-
Señor-perro-contento estas muy sucio,
tu pelaje, tus huesos marcados y las costras secas
te hace ver tan triste
sentado aquí
bipolar sabueso observa el mundo
en blanco y negro
la metí en mi bolsillo.
Mire un árbol de membrillos
que se salía de una casa de palos,
al borde de la avenida,
atrás, mas allá del patio
el esqueleto de un galpón en construcción
se eleva, saliéndose de un peladero.
Seguí el paso, con un ardor en el empeine,
una ampolla enrojecida, el calor, la distancia recorrida,
me senté allí
donde se sientan todos los que van de paso:
La cara de un perro apareció entre mis piernas.
Saltó, con su lengua afuera, intentando jugar
conmigo
la tristeza,
y su felicidad hiperactiva me enterneció:
je ne sais rien -le dije telepáticamente-
Señor-perro-contento estas muy sucio,
tu pelaje, tus huesos marcados y las costras secas
te hace ver tan triste
sentado aquí
bipolar sabueso observa el mundo
en blanco y negro