Capasa
Poeta que considera el portal su segunda casa
La carta de amor que nunca te escribí
Han pasado muchos años y el día 25 de julio sera nuestro 42 aniversario de bodas y nunca te escribí una carta de amor, siempre estuviste a mi lado, nunca nos separamos, por eso nunca la escribí. Sabes que me gusta decirte que te quiero, pero las palabras son aire y se la lleva el viento, por eso quiero escribir lo que por ti yo siento, para que quede como testigo de este gran amor que te tengo.
Siempre presentí que tú serías mi único y gran amor, lo sentí el día que tu mano rozo la mía, allí junto aquel magnolio en el Parque, si, hasta en eso nuestro amor fue romántico, como cantaban los poetas del romanticismo, nuestro amor nació bajo un magnolio cerca de la estatua de Bécquer, fue el presagio de esté amor que te profeso. Al sentir el roce de tu mano, mi cuerpo se sintió sacudido tan fuertemente que aun con el paso de los años lo recuerdo como si hiciera solo un segundo. Quererte fue tan fácil, mi ojos se iluminaban solo con verte y aun siguen iluminándose, nunca me canse de tus besos, mi pasión brota como un volcán solo con sentir tus manos en mi cuerpo, me hiciste tantas veces tuya que no puedo contarlas, lo que sí recuerdo son tus abrazos, nuestras noches de amor, avece cálidas, otras apasionadas pero siempre intensas.
Me gusta el sabor salobre de tu cuerpo, me sabe a mar, a ese mar donde me llevan los recuerdos, tu olor a eucalipto, alhucema y a verano, me transportan aquellos primeros besos robados a mi inocencia, perdida cuando me hiciste tu esposa y me convertiste en tu amante. Te desee, te adore y te quise con tantas fuerza que al sentir tu semilla germinar en mi vientre fui la mujer más feliz de la tierra. Nuestros hijos se hicieron lazos, atando nuestros corazones con los nudos del amor más intenso que el ser humano pueda sentir.
Me gusta mirar tus ojos, ver la pasión con que me miras, la tibieza de tus labios en los míos, sentir tu corazón al compa del mío, dormir entre tus brazos que se me asemejan a las ramas del roble, fuertes, acogedores, con sabor a hogar, me gusta cuando te ríes de mi porque no puedo borrar la sonrisa de mi cara y no sabes que la culpa la tienes tú, por quererme tanto y hacerme tan feliz, pasan los años y nuestro amor no se gasta por tanto usarlo, como en aquella canción, se agranda y se hace inmenso ,me gusta cuando pintas el signo del infinito para decirme hasta donde llega tu amor por mí. Un día te hice prometer que si reñimos nunca lo haremos en nuestro dormitorio, ese es el templo de nuestro amor y no podemos profanarlo, sabes que me gustaban esas “peleillas” para podernos reconciliar, te contare un secreto; pero creo que tu lo sospecha, a veces provocaba las pelea para que me perdonaras y enredarme en tus brazos sumisa y ver cómo te deshacía con mis carantoñas.
Hoy con el pasar de los años y con la placidez que da un amor maduro, mi corazón se conmueve por sentir este amor duradero, firme como una roca, ninguna tempestad pudo con él, y ahí sigue, imperturbable, quererte sigue siendo fácil porque formas parte de mi vida. Que rápido paso el tiempo y que lejano queda aquel primer día cuando te conocí.
Mi amor, mi dulce amor, mi gran amor, mi carta se ha retrasado tantos años... Pero ya te escribí la carta de amor que te debía.
Han pasado muchos años y el día 25 de julio sera nuestro 42 aniversario de bodas y nunca te escribí una carta de amor, siempre estuviste a mi lado, nunca nos separamos, por eso nunca la escribí. Sabes que me gusta decirte que te quiero, pero las palabras son aire y se la lleva el viento, por eso quiero escribir lo que por ti yo siento, para que quede como testigo de este gran amor que te tengo.
Siempre presentí que tú serías mi único y gran amor, lo sentí el día que tu mano rozo la mía, allí junto aquel magnolio en el Parque, si, hasta en eso nuestro amor fue romántico, como cantaban los poetas del romanticismo, nuestro amor nació bajo un magnolio cerca de la estatua de Bécquer, fue el presagio de esté amor que te profeso. Al sentir el roce de tu mano, mi cuerpo se sintió sacudido tan fuertemente que aun con el paso de los años lo recuerdo como si hiciera solo un segundo. Quererte fue tan fácil, mi ojos se iluminaban solo con verte y aun siguen iluminándose, nunca me canse de tus besos, mi pasión brota como un volcán solo con sentir tus manos en mi cuerpo, me hiciste tantas veces tuya que no puedo contarlas, lo que sí recuerdo son tus abrazos, nuestras noches de amor, avece cálidas, otras apasionadas pero siempre intensas.
Me gusta el sabor salobre de tu cuerpo, me sabe a mar, a ese mar donde me llevan los recuerdos, tu olor a eucalipto, alhucema y a verano, me transportan aquellos primeros besos robados a mi inocencia, perdida cuando me hiciste tu esposa y me convertiste en tu amante. Te desee, te adore y te quise con tantas fuerza que al sentir tu semilla germinar en mi vientre fui la mujer más feliz de la tierra. Nuestros hijos se hicieron lazos, atando nuestros corazones con los nudos del amor más intenso que el ser humano pueda sentir.
Me gusta mirar tus ojos, ver la pasión con que me miras, la tibieza de tus labios en los míos, sentir tu corazón al compa del mío, dormir entre tus brazos que se me asemejan a las ramas del roble, fuertes, acogedores, con sabor a hogar, me gusta cuando te ríes de mi porque no puedo borrar la sonrisa de mi cara y no sabes que la culpa la tienes tú, por quererme tanto y hacerme tan feliz, pasan los años y nuestro amor no se gasta por tanto usarlo, como en aquella canción, se agranda y se hace inmenso ,me gusta cuando pintas el signo del infinito para decirme hasta donde llega tu amor por mí. Un día te hice prometer que si reñimos nunca lo haremos en nuestro dormitorio, ese es el templo de nuestro amor y no podemos profanarlo, sabes que me gustaban esas “peleillas” para podernos reconciliar, te contare un secreto; pero creo que tu lo sospecha, a veces provocaba las pelea para que me perdonaras y enredarme en tus brazos sumisa y ver cómo te deshacía con mis carantoñas.
Hoy con el pasar de los años y con la placidez que da un amor maduro, mi corazón se conmueve por sentir este amor duradero, firme como una roca, ninguna tempestad pudo con él, y ahí sigue, imperturbable, quererte sigue siendo fácil porque formas parte de mi vida. Que rápido paso el tiempo y que lejano queda aquel primer día cuando te conocí.
Mi amor, mi dulce amor, mi gran amor, mi carta se ha retrasado tantos años... Pero ya te escribí la carta de amor que te debía.
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