Neida C. Mina
Poeta recién llegado
Los minutos van al compás
de los latidos de mi corazón,
cada vez el reloj los dilata
y opone resistencia al tiempo
que por un momento
parece retroceder.
Y respiro despacio
(como el horizonte)
prolongando mi aliento;
me sumerjo
en la casa de los sueños
y me cristalizo
para el mundo real.
de los latidos de mi corazón,
cada vez el reloj los dilata
y opone resistencia al tiempo
que por un momento
parece retroceder.
Y respiro despacio
(como el horizonte)
prolongando mi aliento;
me sumerjo
en la casa de los sueños
y me cristalizo
para el mundo real.
Sujétame desde el alma
en tus manos con calma,
mientras admiro
debajo de mis pies,
la belleza del desastre
lo que en su momento fue.
en tus manos con calma,
mientras admiro
debajo de mis pies,
la belleza del desastre
lo que en su momento fue.
Tienen voz propia
las millones de palabras
que flotan en desorden
fuera de las páginas.
No hay tiempo para lágrimas
o siquiera pestañear,
es justo como lo inevitable
empapado en lo trágico debe ser.
No tengo miedo
de convertirme en un recuerdo
¿Estuviste siempre seguro?
debía quedarme
¿Lo tenía que hacer?
O podías oír junto conmigo
el palpitar bajo la carne
Y ver mi reflejo
en cada lugar especial;
mantener mi imagen viva
en tu pupila,
en cada oportunidad.
Porqué de verdad
lo deseo escuchar,
quiero que vengas
a inundarme,
quiebres todo lo frágil
me lleves a ver el final,
caer sobre mis proyecciones
con mi corazón quedarte
las millones de palabras
que flotan en desorden
fuera de las páginas.
No hay tiempo para lágrimas
o siquiera pestañear,
es justo como lo inevitable
empapado en lo trágico debe ser.
No tengo miedo
de convertirme en un recuerdo
¿Estuviste siempre seguro?
debía quedarme
¿Lo tenía que hacer?
O podías oír junto conmigo
el palpitar bajo la carne
Y ver mi reflejo
en cada lugar especial;
mantener mi imagen viva
en tu pupila,
en cada oportunidad.
Porqué de verdad
lo deseo escuchar,
quiero que vengas
a inundarme,
quiebres todo lo frágil
me lleves a ver el final,
caer sobre mis proyecciones
con mi corazón quedarte
podrás después.
Déjalo en el alba vivir
en el crepúsculo morir,
y de nuevo volver,
en el crepúsculo morir,
y de nuevo volver,
siente la lluvia
igual caer.
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