PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
Me hablabas de tu negocio de vinos importados, la participación de viandas y el lujoso auto que estrenarías en un par de meses.
Las mujeres a tus pies y lo fastidiosas que te resultaban después con llamadas insistentes a tu celular. ¡Eras un hombre que se daba a desear¡.
Me describiste el extraño mundo de negocios en el cual te desprendes con vehemencia y una cartera de clientes sensacional.
Me sugeriste licores dulces para beber, pero yo te pedí tequila aún en contra de tu insistencia agónica. Y empezó el ritual.
Eres hermosa, la más bella mujer que he conocido, me gustas, quiero terminar mi vida contigo, te ofrezco mi todo en charola de plata, mis bienes, mi corazón
Me quedé esa noche contigo, experimentamos tres resplandores de tu pasión viperina y por la mañana me preguntaste:
-Y tú ¿a qué te dedicas?-
-Soy poeta- Te respondí con una sonrisa torcida.
Entonces después de haberme mostrado una particular manía de catador y conversador el cambio fue muy notorio //Mostraste un silencio casi sepulcral//. No dijiste más, pareciera que te había fulminado con shot dejándote con la boca y los ojos muy abiertos, mientras yo salía lentamente de la habitación.
Durante las siguientes semanas mi celular no dejaba de sonar, alumbrando el identificador de llamadas con tú número telefónico, las cuales yo nunca conteste //¿para qué?// ¡Ya había aprendido todo acerca de los vinos! ©
Las mujeres a tus pies y lo fastidiosas que te resultaban después con llamadas insistentes a tu celular. ¡Eras un hombre que se daba a desear¡.
Me describiste el extraño mundo de negocios en el cual te desprendes con vehemencia y una cartera de clientes sensacional.
Me sugeriste licores dulces para beber, pero yo te pedí tequila aún en contra de tu insistencia agónica. Y empezó el ritual.
Eres hermosa, la más bella mujer que he conocido, me gustas, quiero terminar mi vida contigo, te ofrezco mi todo en charola de plata, mis bienes, mi corazón
Me quedé esa noche contigo, experimentamos tres resplandores de tu pasión viperina y por la mañana me preguntaste:
-Y tú ¿a qué te dedicas?-
-Soy poeta- Te respondí con una sonrisa torcida.
Entonces después de haberme mostrado una particular manía de catador y conversador el cambio fue muy notorio //Mostraste un silencio casi sepulcral//. No dijiste más, pareciera que te había fulminado con shot dejándote con la boca y los ojos muy abiertos, mientras yo salía lentamente de la habitación.
Durante las siguientes semanas mi celular no dejaba de sonar, alumbrando el identificador de llamadas con tú número telefónico, las cuales yo nunca conteste //¿para qué?// ¡Ya había aprendido todo acerca de los vinos! ©