tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Surgió repentinamente una animada sonrisa.
De la rugosa boca de aquella bella dama entrada en años, seguramente estaba preparando la mente, para una asimilación evolutiva que transformaría su energía, maximizando su entropía.
Sonrío como en complicidad consigo.
Tras una larga noche de citara y terciopelo gris, sonó el cuerno, que daba aviso que alguien estaba llamando a la puerta.
No esperaba a nadie, pero que va, era previsible algún salvaje pecador a estas altas horas de la madrugada.
Al compás sinuoso de su andar a paso milimetrado, percibía su deceso, podía oler a la muerte desde su habitación.
Se tomó su tiempo, pues ya había tenido una conversación con ella.
En la que resolvieron respetar sus tiempos.
Convinieron en que la parca la sorprendería.
Según dijo a la anciana, ésta, no acostumbraba visitar sus nuevas adquisiciones, solo cuando eran excesivamente interesantes.
O sea que era casi un privilegio, un honor.
Esto la enorgulleció de alguna manera, e inició toda una investigación de mercado.
Leyó con ansias de preparación, que alguien se despachó escribiendo una teoría, que llamó su atención. En uno de los pasajes del escrito, aseguraba que somos materia orgánica, y que en estado de descomposición, seriamos materia inorgánica, y que el proceso continuaba convirtiéndonos en inmateria psíquica. Fue cuando recordó su breve dialogo con la muerte, quien le comentó amablemente que solo era una etapa de entre milenarios formatos de la vida. Pos mortem. Entonces que mas da, estoy preparada pensó sin más preámbulo.
Y se llegó hasta la puerta capturada por una lentísima parsimonia motriz.
Con un vestido blanco para la ocasión, que seduciría a cualquier ángel nocturno del mas allá.
De la rugosa boca de aquella bella dama entrada en años, seguramente estaba preparando la mente, para una asimilación evolutiva que transformaría su energía, maximizando su entropía.
Sonrío como en complicidad consigo.
Tras una larga noche de citara y terciopelo gris, sonó el cuerno, que daba aviso que alguien estaba llamando a la puerta.
No esperaba a nadie, pero que va, era previsible algún salvaje pecador a estas altas horas de la madrugada.
Al compás sinuoso de su andar a paso milimetrado, percibía su deceso, podía oler a la muerte desde su habitación.
Se tomó su tiempo, pues ya había tenido una conversación con ella.
En la que resolvieron respetar sus tiempos.
Convinieron en que la parca la sorprendería.
Según dijo a la anciana, ésta, no acostumbraba visitar sus nuevas adquisiciones, solo cuando eran excesivamente interesantes.
O sea que era casi un privilegio, un honor.
Esto la enorgulleció de alguna manera, e inició toda una investigación de mercado.
Leyó con ansias de preparación, que alguien se despachó escribiendo una teoría, que llamó su atención. En uno de los pasajes del escrito, aseguraba que somos materia orgánica, y que en estado de descomposición, seriamos materia inorgánica, y que el proceso continuaba convirtiéndonos en inmateria psíquica. Fue cuando recordó su breve dialogo con la muerte, quien le comentó amablemente que solo era una etapa de entre milenarios formatos de la vida. Pos mortem. Entonces que mas da, estoy preparada pensó sin más preámbulo.
Y se llegó hasta la puerta capturada por una lentísima parsimonia motriz.
Con un vestido blanco para la ocasión, que seduciría a cualquier ángel nocturno del mas allá.