sylv
Poeta recién llegado
Hay una chica cualquiera, en un balcón que no es cualquiera.
¿Qué está haciendo? Es tarde, y hace frío.
Las lámparas tenues de la calle alumbran su rostro apagado
que está lloviendo, aunque afuera no.
Hay una chica cualquiera, en un balcón que no es cualquiera.
¿Qué está observando? ¿El cenicero lleno sobre la mesa?
¿Tal vez los edificios en el horizonte, o las luces de las colinas,
que están muy lejos, pero siempre han estado allí para ella?
Hay una chica cualquiera, en un balcón que no es cualquiera.
¿Qué está pensando? Sus manos tiemblan.
Se le oye musitar una canción suave, melancólica,
que está a tono con la noche; tranquila, impávida.
Hay una chica cualquiera, en un balcón que no es cualquiera.
¿A quién recuerda? ¿A su familia, que la quiere de lejos?
¿A sus amigos, para quienes se siente una extraña?
¿O a sí misma, a quien ha perdido en la inmensidad del mar?
Finalmente, ninguna de estas preguntas importa realmente.
Porque así es la vida,
... y así es la muerte.
¿Qué está haciendo? Es tarde, y hace frío.
Las lámparas tenues de la calle alumbran su rostro apagado
que está lloviendo, aunque afuera no.
Hay una chica cualquiera, en un balcón que no es cualquiera.
¿Qué está observando? ¿El cenicero lleno sobre la mesa?
¿Tal vez los edificios en el horizonte, o las luces de las colinas,
que están muy lejos, pero siempre han estado allí para ella?
Hay una chica cualquiera, en un balcón que no es cualquiera.
¿Qué está pensando? Sus manos tiemblan.
Se le oye musitar una canción suave, melancólica,
que está a tono con la noche; tranquila, impávida.
Hay una chica cualquiera, en un balcón que no es cualquiera.
¿A quién recuerda? ¿A su familia, que la quiere de lejos?
¿A sus amigos, para quienes se siente una extraña?
¿O a sí misma, a quien ha perdido en la inmensidad del mar?
Finalmente, ninguna de estas preguntas importa realmente.
Porque así es la vida,
... y así es la muerte.