Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
Sentado en la mesita, una tarde dominical de primavera,
Reviso los recuentos de mis días en esta ciudad soltera.
Un día es gris, otro es negro,
El mismo perro lame mi ventana,
El mismo humo de tabaco intercepta mi nariz,
Y la misma persona regaña.
Mi mente vuela y yo sentado frente a esta mesa,
con rayas y decrépita,
Con un mantel ancho y lleno de manchas negras,
De algún betún de zapatos,
O un vaso de vino tinto aquella noche sin estrellas,
Quebrado por completo por la pena,
La pena de ésta ciudad soltera,
O quizás casada, vaya alguien a saber con quién.
Reviso los recuentos de mis días en esta ciudad soltera.
Un día es gris, otro es negro,
El mismo perro lame mi ventana,
El mismo humo de tabaco intercepta mi nariz,
Y la misma persona regaña.
Mi mente vuela y yo sentado frente a esta mesa,
con rayas y decrépita,
Con un mantel ancho y lleno de manchas negras,
De algún betún de zapatos,
O un vaso de vino tinto aquella noche sin estrellas,
Quebrado por completo por la pena,
La pena de ésta ciudad soltera,
O quizás casada, vaya alguien a saber con quién.