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La conversación

penabad57

Poeta veterano en el portal
Tu media esconde el alfil de la noche.

Los hielos en el vaso son islas que morirán muy pronto.
La conversación, no.
Y es mirar las bocas que hablan
como un trino de aves alrededor de una mesa de boj.

Mi silencio se desnuda ante tus ojos desde la desvergonzada luz
que busca mi voz con la sed infinita de las amapolas vírgenes.

Ismael es un sustantivo,
Raquel un pronombre,
Juan un adverbio de lugar,
María, no sé lo que es María
cuando calla.

El humo crece como una pregunta sin responder,
ningún cigarro está muerto, hay un sol y un fulgor rojo
que, por un instante, entre los dedos amarillentos, vive.

El rincón de la música es una gramola
donde mi índice elige el canto de los ángeles,
porque llega a mis oídos un coro de amor,
que viene de cualquier parte menos de las horas del alba
que con el clarear del día acompañan el frágil devenir de mis pasos.
 
Última edición:
Me encantó todo el poema, pero lo que dices de María es una audacia. El no saber es bendición, dicen, pero no quita la posibilidad, el deleite, el viaje que significa intentar conocer, adentrarse en el misterio, ya no para saber más, sino para ignorar menos, como decía Juana Inés de Cruz.
Gracias, Ramón, por seguir compartiendo. Abrazos.
 
Me encantó todo el poema, pero lo que dices de María es una audacia. El no saber es bendición, dicen, pero no quita la posibilidad, el deleite, el viaje que significa intentar conocer, adentrarse en el misterio, ya no para saber más, sino para ignorar menos, como decía Juana Inés de Cruz.
Gracias, Ramón, por seguir compartiendo. Abrazos.
Gracias a ti, Pedro. Son interesantes siempre tus comentarios. Un abrazo, amigo.
 
Tu media esconde el alfil de la noche.

Los hielos en el vaso son islas que morirán muy pronto.
La conversación, no.
Y es mirar las bocas que hablan
como un trino de aves alrededor de una mesa de boj.

Mi silencio se desnuda ante tus ojos desde la desvergonzada luz
que busca mi voz con la sed infinita de las amapolas vírgenes.

Ismael es un sustantivo,
Raquel un pronombre,
Juan un adverbio de lugar,
María, no sé lo que es María
cuando calla.

El humo crece como una pregunta sin responder,
ningún cigarro está muerto, hay un sol y un fulgor rojo
que, por un instante, entre los dedos amarillentos, vive.

El rincón de la música es una gramola
donde mi índice elige el canto de los ángeles,
porque llega a mis oídos un coro de amor,
que viene de cualquier parte menos de las horas del alba
que con el clarear del día acompañan el frágil devenir de mis pasos.
El poema en si, es una reflexión profunda de lo que puede ser el frenesí de la noche convertida en la sublime calma de los pensamientos pausados, enigmáticos... A veces podemos estar en medio de la noche con muchas personas alrededor, pero solo nos acompañan el centro gravitacional de nuestros pensamientos que saltan a la mente con ideas pródigas e insondables como en este caso.
Saludos, mi estimado... un abrazo grande
 
El poema en si, es una reflexión profunda de lo que puede ser el frenesí de la noche convertida en la sublime calma de los pensamientos pausados, enigmáticos... A veces podemos estar en medio de la noche con muchas personas alrededor, pero solo nos acompañan el centro gravitacional de nuestros pensamientos que saltan a la mente con ideas pródigas e insondables como en este caso.
Saludos, mi estimado... un abrazo grande
Gracias, Antonio. Me gustó tu comentario. Un abrazo.
 
Tu media esconde el alfil de la noche.

Los hielos en el vaso son islas que morirán muy pronto.
La conversación, no.
Y es mirar las bocas que hablan
como un trino de aves alrededor de una mesa de boj.

Mi silencio se desnuda ante tus ojos desde la desvergonzada luz
que busca mi voz con la sed infinita de las amapolas vírgenes.

Ismael es un sustantivo,
Raquel un pronombre,
Juan un adverbio de lugar,
María, no sé lo que es María
cuando calla.

El humo crece como una pregunta sin responder,
ningún cigarro está muerto, hay un sol y un fulgor rojo
que, por un instante, entre los dedos amarillentos, vive.

El rincón de la música es una gramola
donde mi índice elige el canto de los ángeles,
porque llega a mis oídos un coro de amor,
que viene de cualquier parte menos de las horas del alba
que con el clarear del día acompañan el frágil devenir de mis pasos.



Admirado tocayo, qué gran poema. Una vez más me rindo a tu buen hacer poético.
Mi felicitación.

Un fuerte abrazo.
 
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